27 de septiembre de 2013

Cae el telón para la RED@ctuar.

Por: Ideia Zabaldu / RED@ctuar.

En agosto de 2001, con la idea de generar un espacio que propiciara la participación reflexiva de sus compañeros de escuela (el Centro Universitario de Teatro de la UNAM) en torno al posible Congreso Universitario de la máxima casa de estudios del país, mismo que habría de celebrarse como respuesta a la huelga estudiantil de 1999, Sebastián López (ahora Liera, en homenaje personal al dramaturgo sinaloense Óscar Liera) dio vida a la RED@ctuar, entonces llamada red etérea y metavirtual de cambalache chorero y paratextual sobre artes escénicas y demás chunches. Cuatro años más tarde, después de dejar de lado el discurso epistemológico y de convertirse de red en sólo nodo virtual de cambalache chorero sobre artes escénicasla RED@ctuar se permutó a partir de sus siglas en la Red de Encuentro y Diversidad para la Actuación, y su sitio güeb en caracol virtual. Desde un principio, la RED@ctuar apostó por convertirse en “un espacio donde puedan interactuar diversas y variadas formas de sentir, pensar y actuar la escena, sin hacer de estos ejercicios un hecho aislado en la mar de acontecimientos sociales y culturales que nos rodean y afectan desde lo personal hasta lo global, pasando por lo local”; partiendo de un doble sentido de lo que se puede entender por actuar: el actuar teatral y el actuar social. ¿Utópico? ¿Imposible? ¿Probable? ¿Posible? El autor intelectual de ello dio algunas respuestas a éstas y otras interrogantes en una entrevista de 2007 que retomamos hoy, a seis años distancia y con preguntas nuevas, cuando la RED@ctuar acaba finalmente de desaparecer a causa de la falta de mantenimiento de su lista de información por correos electrónicos.


¿Qué significó para ti la RED@ctuar, Sebastián?


Un laboratorio privilegiado. Una tribuna inédita.


No obstante, terminaste abandonando el barco.


Lo hice después de una larga consulta sobre su futuro y luego de levantar la estafeta para ver quién quería tomarla; yo llevaba cinco años de chinga y había llegado la hora, para mí, de entrarle a otras chambas organizativas.


Como la Otra Campaña.


Como la Otra Campaña; así es. Nadie quiso aventarse el trompo a la uña, así que me fui: ocho años después, sin nadie que le diera mantenimiento, por lo que entiendo, la lista de inform@cción se colapsó debido a un inmisericorde bombardeo de correo spam.


¿Qué había en la Otra Campaña que no había en la RED@ctuar?


El zapatismo, o como dice Carlos Aguirre Rojas: el neozapatismo; fundamental para mí en términos de lo que soy y de lo que creo ser y de la idea misma que siempre nutrió a la RED@ctuar.


¿Zapatismo + Teatro = RED@ctuar?


El zapatismo, su espíritu, pues, fue el espíritu que siempre movió al teatro del que yo quería que se hablara en la RED@ctuar.

¿No era eso muy reduccionista? ¿Cuántos teatreros conoces que sean zapatistas?

No se trataba de que fueran zapatistas o no; se trataba de su actitud ante su oficio, una actitud que de ser digna, solidaria, rebelde, libertaria, anticapitalista y en resistencia sería, desde su propia trinchera, zapatista. Todo depende de cómo se quiera entender al zapatismo; yo al menos quiero entenderlo, más que como una ideología como una práctica política que se construye todos los días; basta con que cada momento hagas tu mejor intento de no pasar por encima de nadie, de escuchar con respeto a quienes tengan una opinión distinta a la tuya, de querer que este país y este mundo sean mejores de lo que ahora son, de que apuestes por lo bueno que hay en cada una y cada uno de nosotros, para que, por lo menos para mí, tengas mucho de zapatista, pues, el zapatismo no es propiedad privada de nadie.


Inclusive, se puede ser crítico de un movimiento como el zapatista, que lo mismo se expresa en un fracción supuestamente progresista de una sociedad civil que en un ejército que, como tal, dista mucho de alcanzar eso que algunos llaman democracia, y seguir siendo zapatista. Ser zapatista no quiere decir ser admirador de Marcos, ni proindígena a ultranza; ni sólo repetir frases como “mandar obedeciendo” o “queremos un mundo en el que quepan muchos mundos” como mero blof. Ser zapatista, para mí, tiene que ver entre otras cosas con la dignidad, la esperanza, la rebeldía, la creatividad, la inteligencia, la libertad, la justicia. Y eso también significa para mí ser hombre o mujer de teatro. Desde esa óptica, yo llamaría zapatista a más de uno de mis amigos o amigas que hacen teatro y a buena parte de los que no lo hacen, aunque pocos, por no decir ninguno, estarían de acuerdo conmigo en que así les dijera.


¿De allí que consideraras entonces a la RED@ctuar como un 
caracol zapatista?


Siempre quise que lo fuera; pero no en el sentido de ser un foro que use al teatro como pretexto para hablar del movimiento zapatista; no sería justo para el zapatismo ni, mucho menos, para el teatro. Los caracoles zapatistas son espacios de diálogo entre la sociedad civil y las comunidades zapatistas; un puente, dicen ellos. Ese diálogo sólo puede darse entre iguales, donde la primera igualdad es, aunque suene paradójico, que son diferentes. Yo aspiro y suspiro porque la RED@ctuar sea también un puente entre quienes cuyas diferencias los hacen iguales. En su libro Zapatistas, un mundo nuevo en construcción, el maestro Guillermo Almeyra escribe… a ver, mejor déjame leerlo, para no cagarme fuera de la bacinica…

Las manos se sumergen en la pila de libros más cercanos; apartan unos videos piratas sobre los hechos en Atenco que comparten espacio con otros de pornografía y unos cuantos discos de 
Gerardo Peña y Lalo “El Guajolote”. El libro en cuestión tiene un formato parecido a las libretas de forma italiana y en su portada predominantemente amarilla una mujer zapatista que carga a quien parece ser su hija mira soberbia tras el paliacate a la lente de la cámara… otro video pirata, sobre “la dictadura de la televisión en México”, aparece de entre las páginas del libro que incluye fotos a color y en blanco y negro.

Éste es un libro que molestó mucho a la gente de La Sexta cuando era la Otra Campaña, de la que soy adherente, como casi todo lo que escribe el maestro Almeyra –dice buscando las palabras que quiso citar de memoria- Aquí está… página 26; dice que el ejemplo de los zapatistas, cito: “estimula, no a imitarlos o reproducir su ejemplo, cosa que es imposible porque depende de las condiciones locales irrepetibles, sino a buscar nuevas vías, como ellos, creativamente, osando”… eso es lo que yo quise que fuera la RED@ctuar.

¿Qué le hizo falta?

En primer lugar, resolver la autogestión; como dice Luis Valdez: si no hay independencia económica no hay independencia creativa. Esto iba de la mano con tejer una red de escuelas y centros de teatro profesionales del país; de allí tendrían que haber surgido las necesidades a cubrir, como ser un lugar virtual para intercambiar material como libretos de obras de teatro o generar una buena bolsa de trabajo entre recién egresados. Había también que empezar a salirse de la virtualidad y provocar encuentros físicos en las escuelas, foros, seminarios, talleres o hasta puestas en escena de las cuales pudiéramos ser coproductores. Paralelamente, debió venir la construcción del espacio político, tanto para discutir y reflexionar, como para emprender algunas acciones con el teatro de la mano; por ejemplo, la defensa de los teatros del Seguro Social, la generación de público teatral entre jóvenes que sobreviven en las calles de las urbes mexicanas, entre indígenas y campesinos que no se identifiquen como tales, entre trabajadoras y trabajadores sexuales de los estados, entre obreras de las maquiladoras del país, etcétera; para acuñar el sueño de José Ramón Enríquez: teatro hacia los márgenes; que no sería otra cosa que teatro abajo y a la izquierda.


¿Qué lugar hubiera tenido, en medio del actual escenario político y social, la RED@ctuar?

El mismo que tuvo siempre, si siguiera en pie; sólo que, para mantenerse así, hubiera tenido que ser mucho más participativa de la vida social y política del país, convocando a sus integrantes a hacer lo que saben hacer: teatro. Entonces sí, la RED@ctuar hubiera sido una verdadera Red de Encuentro y Diversidad para la Actuación, tanto escénica como social.

¿Fue eso posible?

No lo sé. En 2006, decía que más que posible me parecía probable, pues, mucha gente había confiado en el proyecto. Hablaba, por ejemplo, del consejo consultivo de la RED@ctuar, de quiénes habían aportado algo o mucho de su trabajo y paciencia; en fin, ahora parece que eso no bastó.

¿Qué se necesitó entonces?

Que l@s enred@dxs se definieran, o que yo me enterara de cuál era su definición. De allí la necesidad de emprender una consulta que terminó el 24 de septiembre de 2007, aniversario del natalicio de Sergio Magaña.

¿En qué consistió la consulta?

Partí, primero, de confesar qué esperaba que fuera la RED@ctuar, para luego reconocer lo que había sido e imaginar lo que podía ser. Entre las confesiones, dije que esperaba que la RED@ctuar se fuera tejiendo en tres planos: uno, que podríamos llamar “académico”, por tener como nodos a maestros, alumnos y personal técnico y administrativo de diversas escuelas de teatro, como muestra de que el divorcio entre arte y academia podía ser para nuestro oficio, en tanto profesión, una falsa disyuntiva; otro, derivado del anterior, que podríamos nombrar “profesional”, al determinar como nodos no nada más a las personas, sino sobre todo a sus proyectos de trabajo, ya en el ámbito de su propia comunidad escolar o académica, ya en el del intercambio entre escuelas y centros, ya en su vinculación con profesionales externos, y, finalmente, como resultado del ejercicio profesional allende las escuelas y centros, el que podríamos bautizar como “político” (entendiendo a la política en tanto ejercicio para encontrar, antes que enconar, a los diferentes); reconociendo como nodos no sólo a los individuos y/o sus proyectos, sino también a su actuar social.

¿Pero..?


El que mucho abarca, aunque loco, como dijera Benedetti, poco aprieta. LRED@ctuar se quedó nada más en una lista de inform@cción, y de los tres planos de nodo y vínculos, apenas resultó un tejido de dudosa proyección en esa otra virtualidad que llamamos la realidad.

Entonces, ¿qué sí podía ser la RED@ctuar


Entre lo que sí podía ser había, a mi parecer, dos posibilidades. La primera de ellas era aprovechar el tejido virtual con que ya contábamos. En números redondos estuvimos enred@dos 500 hombres y mujeres de teatro con proyectos de lo más diverso, entre compañías y grupos, publicaciones especializadas, foros y espacios, escuelas e instituciones similares, talleres, colectivos de creativos y creo que hasta agencias de casting; proyectos todos que podrían haberse apoyado entre sí, el cómo dependería de cada quien. La segunda estaba en reconocer que la RED@ctuar no sería más que un espacio virtual y, entonces, sacarle más provecho a los recursos que el portal donde se alojaba nos ofrecía; además de buscar nuevas herramientas, también en la virtualidad.

En lo personal, creo que estábamos en la posibilidad de integrar ambas opciones. Sin embargo, para ello, lo primero era que cada quien dijera “ésta boca es mía” manifestando su interés o rechazo a participar en una red de proyectos teatrales cuyos hacedores, como rezaba nuestro mensaje de descripción en el Grupo Yahoo, piensan, sienten y actúan la escena sin hacer de sus reflexiones un hecho aislado en la mar de acontecimientos sociales y culturales que les rodean y afectan tanto en lo local como en lo global.


La RED@ctuar.


Sí, la RED@ctuar; punto de encuentro en principio virtual donde nuestros grupos, compañías, foros, escuelas, centros, publicaciones, colectivos y demás proyectos suscribieran convenios de colabor@cción que dieran paso a montajes conjuntos, estrategias de difusión y hasta de mercado justo, intercambios de técnicas y recursos teatrales varios, elaboración de investigaciones y estudios o la realización de reuniones donde continuáramos las reflexiones iniciadas en nuestras publicaciones y centros educativos.

Pero, ¿cómo hacerlo posible?


Lo primero era reglamentándolo, convenir una especie de manifiesto o declaración de principios donde diéramos cuenta del teatro que queremos hacer y qué hombres y mujeres de teatro aspiramos ser, en aras del país y el mundo que soñamos construir; acompañado de un encuadre mínimo para reglamentar nuestro ser, estar y actuar en red, encuadre que podría haber regulado también nuestra lista de inform@cción para adoptar algunas medidas que la volvieran menos un campo de batalla y más un espacio virtual de encuentro entre lo diverso.

Lo segundo, sacarle más jugo a los recursos del Grupo Yahoo que alojaba a la RED@ctuar; como son la posibilidad de archivar documentos en línea, disponer de álbumes fotográficos digitalizados, compartir enlaces hacia sitios güeb que nos sean útiles, agendar (sic) eventos comunes o convocar al ejercicio de consultas mediante encuestas.

Otra @cción podría haber sido trasladar nuestros debates de la lista de inform@cción a un foro virtual. Muchas veces atestiguamos discusiones, algunas de ellas interesantes para algunos, otras no tanto para otros, que en lugar de invitar a la participación la inhibía, provocando incluso abandonos de la lista. Con un foro virtual, quienes gustamos del deporte de polemizar no renunciábamos a debatir nuestras posiciones, pero tampoco saturábamos con ello las cuentas de correo-e de aquellos a quienes no les interesaba deliberar.

Además del Grupo Yahoo y el Foro, un espacio virtual con miras al exterior quizás también útil hubiera sido una güeblog, misma que podría haberse editado a modo de publicación electrónica de artículos, entrevistas, crónicas, noticias, invitaciones a montajes, críticas, etcétera; inclusive, podría haber tenido cabida entradas o post espejo de las publicaciones impresas que participaban en la RED@ctuar, como PasodeGato, con el fin de apoyar su difusión y venta.

Éstas fueron algunas de las ideas que a seis años de cibercamino se me ocurrieron para reactivar la RED@ctuar y convertirla en una herramienta útil a nuestro quehacer, y no sólo en un lavadero virtual. Pero, para que tal cosa sucediera se precisaba la particip@cción de todxs lxs enred@dxs. Así que pensé en hacerles unas cuantas preguntas, cuyas respuestas, según yo, servirían para definir el futuro de la RED@ctuar.

¿Cómo esperabas que fuera la participación de lxs enred@dxs?


Esperaba, de esperanza, que fuera destacada; pero esperaba, de creer, que sería mínima; no esperé que fuera nula, como casi lo fue, pero sí mínima.

Y, ¿entonces?


Yo había enviado, de antemano, el que creo fue mi penúltimo chorema a la RED@ctuar; allí, junto con el cuestionario, escribí: “de sus respuestas y de sus no-respuestas surgirá la propuesta que a principios de octubre les estaré presentando. Esto de las no-respuestas no es gratuito, una manera económica de manifestar su rechazo a regular la RED@ctuar y su lista de inform@cción será su mutismo; así que tómenlo en cuenta cuando decidan no expresar su opinión, pues aún su silencio será considerado como una respuesta”.

Y, entiendo, la no-respuesta ganó, ¿qué decidiste entonces?


Yo no podía continuar invirtiendo tiempo, dinero y esfuerzo en un proyecto que sus integrantes no querían ver regulado. Simplemente no me interesaba.

¿Renunciaste a la RED@ctuar?


Sí. Yo me había adherido, como decíamos en la Otra Campaña, a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona del EZLN; el tiempo, el dinero y el esfuerzo que estaba invirtiendo en la RED@ctuar preferí invertirlo en la Otra Campaña, hoy La Sexta. Prácticamente, la chamba que estaba haciendo en la RED@ctuar, más la que me iba a echar a cuestas si la consulta resultaba como lo esperaba, decidí hacerla para la que fue mi unidad organizativa de trabajo dentro de la Otra: la Coordinadora Regional Zentro-DF.

¿Y nació La Otra Chilanga?


La Otra Chilanga nacería como resultado de la primera chamba: mi primera tarea en la Coordinadora Regional Zentro fue articular una lista de información vía correos electrónicos, como la de la RED@ctuar, para socializar con mucho tiempo de anticipación a la siguiente reunión las minutas de las reuniones anteriores; luego, en la medida en que se iban generando más y más minutas y que no todos l@s compas tenían cuenta de correo electrónico o que preferían acceder a las minutas en la red para imprimirlas sin tener porqué abrir una cuenta de correo-e, abrí una bitácora electrónica que sirviera de archivo en línea de las minutas. Ésa primera bitácora ya se llamó La Otra Chilanga; pero no se constituiría en una especie de medio de información, sino hasta después de que Yahoo México nos censuró la cuenta de correo-e desde la que administrábamos la lista de información y con ello nos tiró la página web que también había creado, ésa sí, para dar cobertura a la primera etapa de la Otra Campaña.


¿Extrañas la RED@ctuar?

Para serte honesto, no. Estoy convencido de que el proyecto de la RED@ctuar era un muy buen proyecto; la diferencia es que no me di el tiempo para alcanzar las metas que me había trazado; una de ellas, promover que el proyecto rebasara su estatus de foro virtual en el que nos limitamos a compartir nuestros avisos de ocasión. Aún así, fuimos un foro importante mucho antes de que otros espacios que se han venido consolidando lo fueran: antes que PasodeGato naciera, mucho antes de que Teatro Mexicano [punto] Com apareciera siquiera en el firmamento virtual y años luz (aunque esta sea una medida de distancia más que de tiempo) de que cualquiera de los exitosos espacios y foros que existen bajo el abrigo de Facebook surgieran. La diferencia, insisto, es que esos espacios se consolidaron y la RED@ctuar no.

¿Buscarías reactivar la RED@ctuar?

No, lo que yo quería que fuera la RED@ctuar lo lograron ya las y los estudiantes de las escuelas de teatro del país que se sumaron al movimiento #YoSoy132; creo que la plataforma organizativa que los articuló fue Artistas Aliados 132 y #YoSoy132Media: de haber seguido en la RED@ctuar hubiera lanzado no sé cuántas propuestas para que nos integráramos a los trabajos de ambas instancias y, entonces sí, desaparecer: hubiera sido un gran final. Sin embargo, ver la posibilidad de echar a andar una especie de federación nacional de estudiantes de artes escénicas no estaría nada mal; pero, no tendría que impulsarla yo, sino surgir como una necesidad real de las comunidades de estudiantes de las distintas escuelas de teatro, danza o música del país: si esa necesidad no existe será imposible lograrlo.

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