Raúl Lugo Rodríguez
www.raulugo.indignacion.org.mx
www.raulugo.indignacion.org.mx
El pasado 9 y 10 de noviembre tuvo
lugar, en el local de la Escuela de Agricultura Ecológica U Yits Ka’an de Maní, la preaudiencia del Tribunal Permanente de
los Pueblos (TPP) sobre las políticas de exterminio contra el pueblo maya. Esta
preaudiencia forma parte del eje “Violencia contra el maíz, soberanía
alimentaria y autonomía”, una de las siete audiencias temáticas en que está
organizado el trabajo del Capítulo México del TPP.
En esta preaudiencia, que llevó el nombre
Táan u xu’ulsaj k-kuxtalil y cuya
traducción titula este artículo, se analizaron ocho casos presentados por las
personas y/o pueblos agredidos:
1.
San
Antonio Ebulá, Campeche: desalojo, desplazamiento e impunidad
2.
Despojo
territorial del ejido de Hopelchén, Campeche
3.
Chablekal,
Yucatán: lucro, ejido y territorio. La tierra como mercancía y el gobierno como
mercader.
4.
Políticas
públicas que impulsan el despojo del territorio en comunidades del Poniente de
Bacalar, Quintana Roo
5.
Monsanto
y la soya transgénica: apicultores de Hopelchén, Campeche
6.
Despojo
de tierra y territorio en X kix, municipio de Hopelchén, Campeche
7.
Expropiación
de la ampliación forestal al ejido Ich Ek, reserva de Calakmul, Campeche
8.
Megaproyecto
Dragon Mart, en Cancún, Quintana Roo
Se presentaron además nueve testimonios:
-
Comité
de Defensa de las Semillas nativas en el sur de Yucatán, base para la defensa
de la autonomía maya. Victoriano Valle, Tahdziú, Yucatán
-
Políticas
de exterminio y manipulación del pueblo maya. Felipe Chuc Yah, SSS Mayao’ob
-
Políticas
públicas del estado mexicano en las comunidades mayas del sur de Yucatán,
Misioneros A.C.
-
Diáspora
maya: las múltiples fronteras de la expulsión, Fray Tomás González, La 72,
Hogar Refugio para personas migrantes de Tenosique, Tabasco
-
Justicia
mexicana y derechos de las mujeres del pueblo maya, Silvia Chalé Euán,
Indignación A.C.
-
Educación
de los genocidas, Dr. Juan Carlos Mijangos Noh
-
Inundación
de las comunidades mayas por mecanización de tierras y destrucción de cauces
naturales. Hopelchén, Campeche
-
Desplazamiento
forzado de la agricultura maya tradicional. Hopelchén, Campeche
-
Historia
del genocidio, Dr. Yuri Balam
Los dictaminadores fueron:
-
Ernestina
López Baca, Guatemala
-
Gloria
Muñoz Ramirez, México
-
Raúl
Lugo Rodriguez, México
-
Sylvia
Marcos, México
-
Carlos
Vicente, Argentina
-
Andrés
Carrasco, Argentina
-
Luis
Macas, Ecuador
-
Sara
López González, México
A continuación, les presento el dictamen
final de la Preaudiencia:
Tribunal Permanente de los Pueblos
Dictamen
Preaudiencia Políticas de exterminio contra el Pueblo
Maya
Eje: Violencia contra el maíz, soberanía alimentaria y
autonomía
Táan U Xu'ulsaj K-Kuxtalil
Maní, Yucatán 9 y 10 de noviembre de 2013
Conmovidos por las dimensiones que ha cobrado el despojo en todo el
territorio de la península de Yucatán y el impacto que está teniendo sobre el
pueblo Maya y al mismo tiempo admirados por su resistencia y espíritu
sostenidos durante 521 años, emitimos este Dictamen en solidaridad y compromiso
con sus luchas.
Los ocho casos y los diez testimonios presentados dan cuenta y son una
muestra apenas, de un proceso mucho más amplio de acaparamiento de tierras y
bienes comunes, de destrucción socioambiental y territorial y de aniquilamiento
de los tejidos sociales que forma parte de un plan orquestado para el
desplazamiento y vaciamiento de los territorios.
El desplazamiento de sus tierras de las comunidades de San
Antonio Ebulá, Campeche; de los ejidatarios de Hopelchén, Campeche; de
Chablekal, Yucatán; de Bacalar, Quintana
Roo; de Ich Ek y de los campesinos y campesinas que habitan X-kix; da
testimonio de un proceso brutal que utilizando la violencia, la corrupción, la
complicidad de funcionarios públicos con los intereses privados y la negación
de los derechos de los pueblos está llevando a situaciones sin salida.
También compartimos la resistencia a la instalación del mega proyecto
comercial Dragon Mart en Quintana Roo, que
impulsado por el mismo gobierno estatal da cuenta de distintas violaciones de
derechos humanos y un panorama futuro de devastación ambiental.
La lucha de las comunidades apícolas mayas de la Península de Yucatán
resistiendo la implantación sin consulta de monocultivos de soya transgénica
resistente al glifosato, que amenaza contaminar y destruir su producción
ancestral, dio prueba de la importancia de la organización y la articulación en
los caminos de lucha.
La resistencia contra la invasión con semillas transgénicas se visibiliza
en experiencias concretas, tal como la del Comité de Defensa de Semillas, que
está conformado por diez comunidades del sur de Yucatán, que llevan más de diez
años asegurando el rescate de la semilla para solo depender de lo suyo, única
manera de seguir viviendo como mayas.
La movilidad humana en la región peninsular está marcada por la migración
centroamericana, que también es población maya, que se dirige a los Estados
Unidos. Todos sus derechos son violentados, en todo su recorrido, por el crimen
organizado aliado a las instituciones de gobierno. Por otra parte se encuentran
los flujos migratorios internos de personas que son expulsadas de Yucatán y
Campeche hacia los grandes centros turísticos de la Riviera Maya, donde el
pueblo indígena trabaja en la construcción, en los servicios o es víctima de la
explotación sexual. Esta zona es el paraíso de los tratantes de personas. Toda
esta violencia tiene su reflejo en la permanente amenaza y persecución de los
migrantes y sus defensores.
La participación de las mujeres no fue meramente estratégica, sino también
inscripta en su identidad. Defensoras genuinas de la naturaleza, ellas
mostraron cómo su presencia en estos espacios políticos y su participación
protagónica potencia la causa de los pueblos indígenas al enriquecerla con la impronta
de su género. También compartieron sus luchas contra el sistema patriarcal y de
violencia dominante y encarnado en las instituciones públicas.
Todos los casos presentados son formas de resistencia alimentadas y
construidas sobre la revitalización de su cultura y éste es un campo rico en
formas creativas de resistencia a la explotación, el despojo y la depredación
del planeta. Esta revitalización se contrapone con los sistemas educativos y de
salud oficiales que también son parte del sistema de opresión y genocidio que
opera en la actualidad.
En el campo de la tierra y el territorio los casos presentados
evidencian un despojo sistemático. En algunas ocasiones, como en el caso de
Ebulá, el despojo ha revestido características violentas. En otros casos, se
realiza a través de mecanismos de enajenación cubiertos de ropaje local. Otros
más, provocando y alentando el proceso de empobrecimiento hasta empujar a las
comunidades a la venta de sus tierras.
Las actuales embestidas del sistema capitalista depredador en crisis y
descomposición se hacen principalmente a través de este despojo. En los casos
visados hoy aparece el despojo territorial, pero no sólo de las tierras
físicas, sino del espacio en que los pueblos desarrollan su cultura, espacio
para seguir siendo pueblos y manejar sus asuntos como ellos quieren a través de
la autonomía.
En todos los casos funciona una alianza entre gobierno y empresas
privadas. Algunos casos, como el despojo contra el ejido de Chablekal,
desnudan la postración de las autoridades frente a los poderes económicos: para
permitir y alentar un desarrollo inmobiliario de lujo, el gobierno implementó
mecanismos legales facilitadores por los cuales pudo comprar las tierras a los
campesinos y venderlas en condiciones extremadamente favorables a empresas.
El proceso de despojo también pasa por un mecanismo de destrucción del
tejido comunitario de los pueblos indígenas. No se trata solamente de la
ausencia de mecanismos de consultas que respondan a los estándares del convenio
169 de la OIT. Lo que se busca es fomentar la división comunitaria y la
cooptación de los líderes.
Constatamos que se impone la desregulación ambiental, sin que medie la
intervención eficaz de ninguna de las autoridades involucradas: CONAFOR, RAN,
tribunales agrarios, etc. A veces cómplice y otras
protagonista, es casi imposible encontrar una línea que divida los intereses
del Estado y de los empresarios nacionales o extranjeros que desean el
territorio. El despojo se concreta a partir de que el propio Estado, garante
del modelo político y económico dominante niega la existencia de los pueblos
indios y despliega una política encaminada a su desaparición por exterminio
planificado.
La venta de tierras es promovida por instituciones de gobierno que funcionan
como intermediarios en beneficio de los inversionistas, mientras se promueven
proyectos que dividen a las comunidades, rompen el tejido comunitario e
individualizan las decisiones de los
ejidatarios, como en Ich ek, en la Biosfera de Calakmul. Este caso es especialmente grave por sus
contradicciones ya que la expropiación se realizó en nombre de la creación de
una “Reserva de la Biosfera”.
Se ignora el derecho a la consulta, y se imponen políticas públicas para
condicionar el uso de suelo de los ejidos, violentando las relaciones
comunitarias y su vinculación con la Madre Tierra.
Los Tribunales y autoridades agrarias retrasan las resolución de los
juicios de tal manera que las comunidades terminan cansándose y abandonando los
procesos; en contraste, las resoluciones en favor de los empresarios que
promueven proyectos encuentran soluciones inmediatas, como en el caso de Dragon
Mart, en Cancún.
Esta preaudiencia nos ha dado la oportunidad de situar los casos de
despojo de tierras y territorios en un proyecto geopolítico más amplio para
todo América Latina que incluye la dominación y control de la producción de
alimentos, la promoción de cultivos transgénicos, la pérdida de la
soberanía alimentaria y un extractivismo impúdico de los bienes naturales convertidos
en mercancía.
Se está imponiendo un sistema agrícola industrializado que implica la
deforestación de la región peninsular con la consecuente destrucción de la
biodiversidad y provoca el desplazamiento de los sistemas agrícolas
tradicionales e inundaciones como consecuencia de la mecanización de los
sistemas agrícolas.
La introducción de los organismos transgénicos en los territorios,
que suele presentarse como una técnica producto de la curiosidad individual y
manifestación de la omnipotencia humana de dominación de lo natural, constituye
una apropiación sistemática e instrumental de la naturaleza; y se convierte en
un instrumento de control territorial, político y cultural.
Esta nueva etapa neocolonial impone tecnologías que deben satisfacer la
organización global del capitalismo sustituyendo los modos tradicionales de
mejoramiento agrícola. La implementación de modelos productivos extractivos
impiden profundizar las democracias de los pueblos, tiende a fragilizar los
lazos comunitarios del pueblo maya al ser forzados por la convergencia de
gobiernos y capital corporativo a entregar sus riquezas a través de la
apropiación por despojo del territorio, de sus actividades productivas y de su
cultura.
Por eso el extractivismo es una pieza fundamental de esta etapa del
modelo neocolonial. Esa neocolonialidad es una construcción política
adoptada para latinoamérica como mecanismo de saqueo de los bienes comunes y de
la identidad cultural y configura una verdadera guerra sostenida con
tecnologías complejas de alto impacto y difícil reversión que usan nuestros
territorios como campos experimentales. Son construcciones
políticas ejecutadas por factores de poder político-económicos que
habilitan la penetración soberana y disponen el diseño estratégico de la
sociedad. El control del territorio se materializa en reducción de autonomía
al servicio de la mayor concentración y transnacionalización. Es un sistema
de saqueo e inequidad que no contempla el bien común o la felicidad de los
pueblos, que destruye vida, naturaleza y autonomía y genera mas hambre y
exclusión. El negocio globalizado de alimentos agota recursos no renovables por
cuenta y necesidad de un modelo depredador que necesita el control de toda la
cadena para ejercer hegemonía y asegurar la rentabilidad.
Ante la demostración, cada vez más inquietante, del impacto ambiental
sobre el suelo, flora y fauna de los agrotóxicos, ligados indisolublemente
al paquete tecnológico transgénico, se agregan los efectos indeseados sobre la
salud de la población, y más recientemente, las limitaciones de la seguridad
biológica implícitas en el propio procedimiento tecnológico.
Asoma una sombra aun más ominosa: el potencial agravamiento de la
situación en los países productores con la llegada al mercado de las nuevas
semillas, donde se «apilan» modificaciones genéticas que suman nuevos tipos de
herbicidas para compensar el progresivo fracaso de los transgénicos por
resistencia de las malezas y descenso del rendimiento por agotamiento de los
suelos entre otros. Estas tensiones modelan un mercado internacional cuyos
rumbos futuros son inciertos, pero al mismo tiempo reclaman un urgente y
postergado debate sobre la autonomía en los países periféricos.
El pueblo originario Maya asentado en la península de Yucatán pertenece
a una cultura de sabidurías, valores y principios milenarios, que contribuye a un proceso de construcción
comunitaria ofreciendo un legado histórico que la humanidad conoce.
Desde la concepción del mundo Maya el mundo material es uno de los
componentes de la madre naturaleza y para que se convierta en la plenitud o la
vida es necesario que se complemente con el mundo de lo espiritual. Es decir
que la vida para el mundo Maya es una construcción permanente en interrelación
entre todos los elementos vitales, la comunidad humana y la comunidad natural.
Por lo tanto la naturaleza desde la concepción Maya es un sujeto actuante y no
un objeto como lo considera el mundo occidental.
Desde esta lógica tierra y territorio constituyen un espacio vital de la
Madre Naturaleza con derechos, al igual que los seres humanos. La tierra y
territorio para el pueblo Maya es la madre generadora de vida de todas las
existencias. En esta cosmovisión la tierra no se vende ni se compra.
Tierra y territorios son la base fundamental de la identidad de los
pueblos originarios donde se
construye y se reconstruye la vida y el sentido comunitario; es el espacio
donde se articula lo espiritual y lo
material, donde se cultivan de los
valores. La tierra es la casa común donde caben todos y todas, donde se
comparte y se alimenta la memoria histórica de los pueblos, tejiendo en armonía
el presente con el pasado para transformar el futuro.
Recomendaciones
- Recuperamos de los casos expuestos el camino de la reconstrucción
de los tejidos comunitarios, de los vínculos basados en los valores de
solidaridad, respeto mutuo, complementariedad y autonomía; como esenciales para
poder sostener las resistencias y avanzar en los procesos propios de autonomía
de las comunidades.
- En acuerdo con la cosmovisión del pueblo maya, los territorios no
tienen precio y son patrimonio colectivo de los pueblos que no deben ser
introducidos en las leyes de mercado ni en los mecanismos convencionales de las
regulaciones nacionales o internacionales. Por ello el dinero, las
compensaciones materiales o el reparto de beneficios que signifique la entrega de los territorios
y la concreción definitiva del despojo deben ser rechazados.
- En todos los casos resulta un reclamo indeclinable y urgente la
restitución de la totalidad de las tierras despojadas y la reparación de los
daños ocasionados a las comunidades.
- La justicia para todos los atropellos cometidos también resulta
otra de las demandas fundamentales de las comunidades que deben ser atendidas y puestas en marcha sin
dilación.
- Condenamos y rechazamos los intentos de introducir el maíz
transgénico en México condenándolo a su contaminación en su centro de
origen, a la pérdida de diversidad y atentando contra los pueblos que se han
reconocido a si mismos como hijos del maíz.
- Consideramos imprescindible no dilatar la prohibición de los cultivos
transgénicos y la declaración de la Península de Yucatán, junto a todo
México, como Libre de Transgénicos; propuesta que ya está en la agenda de
lucha de las comunidades apícolas mayas.
- Condenamos las políticas públicas del Estado mexicano que se
ponen al servicio de los capitales especulativos para consumar los despojos
territoriales traicionando el mandato de los pueblos a los que deberían servir.
- Hacemos nuestras las palabras de la Demanda General de esta
Preaudiencia DENUNCIANDO que las políticas del estado mexicano, en la Península
de Yucatán, están diseñadas para acabar con el pueblo maya, así como para
acabar con todos los pueblos indígenas del país y latinoamérica y DENUNCIANDO
el genocidio que está ocurriendo en tierras mayas, como continuidad del
sistemático genocidio que ya lleva 521 años. Por este motivo solicitamos que el
jurado de la Audiencia de Violencia contra el maíz, soberanía alimentaria y
autonomía condene al Estado mexicano y le exija que se respete y se creen las
condiciones jurídicas y efectivas, para la reconstitución del pueblo maya y los
derechos para la autonomía y la autodeterminación.
“Buscamos el amanecer de nuestros pueblos”
No hay comentarios.:
Publicar un comentario