Eugenia Gutiérrez.
1) Salud.
La combinación de bata blanca y pasamontañas es extraña, interesante, novedosa. Así se visten los que reportan en La Realidad. De lo informado en todos los caracoles queda claro que la salud es básica para la autonomía; que tiene un vínculo fuerte con la educación porque depende de que las niñas y los niños están bien educados; que aquí no hay médico ni médica sino promotor de salud que “no atiende la enfermedad; atiende la persona”; que en estas clínicas “lo importante es el amor. Que el paciente le duele, también nosotros nos duele”.
La información puede ser tan detallada como la que brinda el compañero Roel cuando explica que se han fabricado "3 mil 411 pomadas, jarabes" y otras preparaciones que se basan en el conocimiento herbolario de sus antepasados. O la que nos da el compa Francisco, coordinador del Hospital Técnico de Laboratorio de Análisis Clínicos "La Primera Esperanza del Rostro de Pedro", donde se han realizado 9 jornadas quirúrgicas con 53 operaciones de pacientes.
En todos los caracoles se explican los avances en planificación familiar y prevención de enfermedades de transmisión sexual y se presentan en cascada los resultados del trabajo de hueseros, parteras y promotores de salud mental que, afirman ellos, "nos está sirviendo para atender el alma y la mente de nuestras bases de apoyo". Todas y todos reconocen que, a pesar de los avances, no hay suficientes recursos "para darle más mejoramiento" a los pueblos, pues todavía hay desnutrición, falta agua potable y es necesario ampliar el sistema de vacunación. Pero quienes conocieron estas comunidades hace más de una década saben que las condiciones sanitarias y de higiene para sus habitantes han mejorado sustancialmente.
2) Educación.
Las comunidades zapatistas practican una educación que exalta "los valores del ser, no del tener", que fomenta el "amor al conocimiento" y no es ajena a la lucha de los pueblos por mejorar sus condiciones de vida. "Educación verdadera", la llaman en todos los caracoles. Con ella, afirman estar cumpliendo una parte de lo firmado en San Andrés Sakamchén (en 1996) con el mal gobierno federal, cuyas escuelas educan con miedo. Aquí, afirman promotores y promotoras, no se educa con miedo porque "el miedo es la negación de la democracia. La democracia es la hija de la libertad y su sobrino es la justicia". Y aquí se enseña la democracia y la justicia. No el miedo.
Las materias básicas son lenguas, matemáticas, historia, vida y medio ambiente y, por último, integración, donde se junta el conocimiento de las cuatro áreas. Y como "la revolución es una escuela para la vida", quienes estudiaron en la primera y segunda generaciones hoy son promotores y promotoras de educación. También son autoridades, o reporteros y reporteras autónomas que dan vida a Radio Insurgente, la voz de los sin voz, y de otra radio que pronto saldrá al aire.
Esta otra educación valora lo que las sociedades neoliberales desechan. Aquí hay encuentros de ancianas y ancianos, de niñas y niños. Se califica a los estudiantes pero nadie reprueba. Ningún estudiante parece interesado en inflamar su cerebro hasta saturarlo de datos para cotizarse mejor en un mercado. Los alumnos y las alumnas de las escuelas autónomas zapatistas "son los futuros continuadores de la lucha". Nos hablan de los CCETAZ (siglas para Centro Cultural de Educación Tecnológica Autónoma Zapatista) y nos anuncian lo que sigue, lo que seguramente viene porque ya lo soñaron: la Universidad. Esta educación autónoma que busca "la acción transformadora de la sociedad" desde lo colectivo ya está mirando el horizonte donde se impartan ciencias y humanidades. Nos lo está avisando un muchacho que asegura: "Soñamos de algún día tener una universidad totalmente autónoma… Y no daremos ni un paso atrás".
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