Eugenia Gutiérrez.
Tendrían que haber muerto. En el futuro que les había diseñado el Banco Mundial, ése era su destino. Un porcentaje altísimo debió haber padecido diarrea, fiebres, tristeza crónica y todo tipo de enfermedades curables. Muchos debieron esfumarse en el olvido antes de cumplir cinco años. Muchas tendrían que haber transpirado desnutrición por el resto de sus vidas. Ése era su destino.
Pero sus abuelos y sus abuelas, sus padres y sus madres, tenían otros planes y el 1 de enero de 1994 los echaron a andar. Se trata de la generación zapatista del siglo XXI, jóvenes y “jóvenas” (dicen ellas) que no saben lo que es ser golpeados por un patrón, ni explotados por un terrateniente, ni violadas por un finquero, ni intercambiadas como mercancía por un mayordomo, ni humillados por un capataz.
Hombres y mujeres que, pequeñitos, caminaban al filo de la muerte pero se negaron a ser estadística cuando sus familias y sus pueblos le declararon la guerra al mal gobierno, al pésimo gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Claro que han tenido una infancia difícil, de trabajo y esfuerzo, de desplazamientos forzosos, persecución y acoso militar. Pero ponen mucha atención y abren bien los ojos al oír hablar de “aquellos tiempos”, de ese pasado tan remoto y aterrador cuando, según explica la compañera Clara Luz, “lo más doloroso” era vivir “con el patrón en la finca”, atenderlo a él, ser tratadas como animales, morirse en el parto, lavar la ropa con una fruta, moler la masa con piedra y “aparte de ser tan pobres”, también sufrir “la humillación y el maltrato de sus maridos y sus padres” por culpa del alcohol, porque “la vida de las mujeres antes de 1994 era muy triste”.
El Segundo Encuentro de los Pueblos Zapatistas con los Pueblos del Mundo, realizado del 20 al 29 de julio de 2007 en Oventic, Morelia y La Realidad, ha reunido a miles de personas para escuchar los reportes de avances, logros y pendientes de los cinco caracoles que trabajan como tales desde agosto de 2003. Tras apenas cuatro años de actividades se rinde un informe de resultados y de “todo lo que falta”. El informe es muy extenso. Los tres caracoles sede –junto con los de La Garrucha y Roberto Barrios- presentan sus ponencias en plenarias con decenas y decenas de zapatistas sobre el templete. No hay mesas simultáneas. Las sesiones son de corrido. Se organizan las plenarias en ocho temas por cada caracol:
1) Salud (a cargo de promotores y promotoras de salud).
2) Educación (a cargo de promotores y promotoras de educación).
3) Organización de las comunidades (a cargo de comisariados, comisariadas y agentes municipales).
4) Trabajo colectivo (a cargo de los colectivos y las directivas locales, regionales, municipales y de zona).
5) La lucha de las mujeres (a cargo de bases de apoyo).
6) Autonomía (a cargo de autoridades autónomas).
7) Buen gobierno (a cargo de integrantes de las Juntas de Buen Gobierno).
8) Balance del proceso de construcción de la autonomía (a cargo de integrantes del CCRI).
Es decir que se llevan a cabo cuarenta mesas plenarias consecutivas, con dos días de pausa para traslados. Los datos son abundantes y cualquiera que los presenta tiene motivos de sobra para sentirse orgulloso. Después de escuchar el reporte de los cinco caracoles sobre los distintos temas es notoria la diferencia entre los malos gobiernos, obsesionados con el individualismo y el lucro personal, y las prácticas autónomas y colectivas.
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