6 de agosto de 2007

Caracoles zapatistas: 13 años de lucha, 13 sueños de pie [4].

Eugenia Gutiérrez.

5) Lucha de las mujeres.

Las mujeres en Morelia abren la mesa entonando una canción que nos unifica y exhorta a luchar juntas. Esmeralda narra lo que se vivía antes del ’94: no tenían derecho a participar y sus familiares no querían que salieran. Decían que iban a conseguir marido. No decidían, no opinaban. En otra mesa, Yoana cuenta cómo eran humilladas las mujeres antes de 1994: "Sólo los hombres dan sus opiniones… Caminamos en la oscuridad". Las cinco mesas de mujeres coinciden en que antes del levantamiento armado no conocían sus derechos, no sabían que los tenían, nadie les había explicado cuánto valen como personas. Pero hoy que lo saben abarcan todos los ámbitos de la lucha zapatista y, apoyadas en la Ley Revolucionaria de Mujeres, presentan sus informes de trabajo no sólo en la mesa de mujeres sino en todas. Su presencia en los templetes es notoria. De por sí, entre las asistentes de varios continentes, parece haber más mujeres que hombres. Sus voces logran lo que no hemos logrado las urbanas: atravesar cada uno de los temas.

Todas nos dicen que si hace unos años el mal gobierno y el capitalismo nublaban la mente de sus compañeros y les hacían creer que no servían para nada, hoy ellas educan a sus compañeros y ocupan todos los cargos. El alcoholismo les provocaba "el más triste sufrimiento" porque además de ser golpeadas tenían que ir a recoger a sus esposos en los caminos. Las casaban por la fuerza a los 11 ó 12 años y lo peor era que, además de aguantar la violencia de sus padres y maridos, tenían que aguantar a los patrones. Pero eso y la vergüenza de hablar han quedado atrás.
Orquídea reseña la historia de su lucha. Nos dice que "las mujeres demostramos el valor gracias a la compañera Comandanta Ramona que nos heredó este derecho". Explica que las zapatistas han estado a partes iguales en todas las actividades políticas, en todas las marchas, en las movilizaciones. Dice que hablaron en el Congreso de la Unión (2001) para exigir el respeto a sus derechos. Otra compañera recuerda el trabajo de Susana. Otra nos explica: "no sólo luchamos por nosotras que estamos en Chiapas, sino que vamos a luchar por todo el mundo".

Aunque todas reconocen que falta mucho, Elodia no deja lugar para la nostalgia cuando señala: "Ya no estén pensando de la vida que ya pasamos, que era tan triste… porque hemos tenido ya gran avance". Y Elsie, de la Junta de Buen Gobierno "Hacia la Esperanza", es una de las más contundentes: "gracias a nosotras las mujeres existe la humanidad. Aunque mala, pero existe".

6) Autonomía.

Una compañera que habla en su lengua es traducida por otra compañera para platicarnos cómo "sufrieron mucho sus papaces". Nos cuenta lo que padecieron las cocineras en las fincas de los patrones. Otro compañero, también en su lengua y también traducido, cuenta lo que él vivió antes del ’94. Dice que, "en ese tiempo", pasaban días sin comer y agrega: vivíamos "sin zapatos. No conocíamos qué cosa es zapatos". Los patrones nunca les daban dinero. Les pagaban en especie: 3 días de trabajo por una tacita de sal, 3 días de trabajo por una penca de plátano. Se trabajaba de 5 a 5 y "era un grande sufrimiento". Sí, está hablando de hace apenas quince años, de lo que todavía hoy se vive en muchas partes de nuestro país, aunque aquí ya es pasado.

Primero fueron los españoles con la conquista, luego los terratenientes con las fincas, pero afirman quienes hablan que "la raíz de nuestros antepasados está viva", y de ahí surgió la necesidad de la autonomía. Las comisiones de tierra y territorio no permiten la tala salvaje de árboles. Protegen manantiales, ríos, arroyos. En las cinco mesas se afirma que falta mucho trabajo, pero también se sabe que no se ha recibido ni un centavo de ningún gobierno.

En cuanto a los apoyos que ha dado la sociedad civil, siempre hay una palabra amable que agradece, pero queda muy claro que de cualquier manera el zapatismo seguirá luchando. Nos lo dice un compañero: "Nosotros y nosotras, con sus apoyos y sin sus apoyos, la vamos a hacer". Flota en el ambiente la conciencia de que la autonomía es una chinga, pues "si no lo hacemos nosotros, no hay nadie que lo va a venir a hacer por nosotros".

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