28 de agosto de 2007

El agua, raíz y razón de la vida de los pueblos.

José Martínez Cruz*

Ometeotl: la dualidad de la fertilidad. El agua cristalina sí tiene sabor. Sabe a la vida misma. Tiene el olor del copal que se esparce por el viento fresco de la mañana. Mil colores de las plumas, flores, semillas y vestidos tradicionales que los pueblos del sur de Morelos traen, iluminan el fondo claro del agua que aquí nace para aliviar la sed de los pueblos.

El agua sí tiene sabor, olor y color, quién puede decir lo contrario después de estar en el manantial del Chihuahuita en esta ceremonia de los pueblos.

La dualidad de la fertilidad, Ometeotl, encabeza la ceremonia mediante una reproducción de un fresco de los murales de Cacaxtla pintado alrededor del año 700 de nuestra era cuya imagen es portada por Saúl Roque, investido por el bastón de mando otorgado por la comunidad indígena de Xoxocotla que hoy motiva el reencuentro con una tradición que cada día se vuelve más visible para otros sectores de la sociedad; tradición que ha permanecido entre los pueblos en ceremonias de ofrecimiento de lluvia de la manera más reservada y, en la mayoría de las ocasiones, callada, reservada, casi en secreto, para preservarla de quienes quieren volverla un objeto de comercio y degradarla hasta un elemento folclórico que se usa y se tira, propia del sistema capitalista que fetichiza no sólo la mercancía, sino la cultura y las mejores tradiciones y raíces de los pueblos.

Desde temprana hora empiezan a arribar quienes vienen de los pueblos a ver con sus propios ojos las ofrendas que se han preparado para dar gracias a la madre tierra, al agua, a la vida, y a desagraviar por las ofensas que llevan a contaminar ríos, manantiales, lagunas, arroyos, barrancas.

Flores amarillas, frutas amarillas, granos amarillos: zempaxuchitl, maíz, frijol, plátanos, guayabas, mangos y multitud de potajes preparados para alimentar el agua, que se van depositando uno a uno en el nicho fresco de barro que está junto al borbollón de agua del manantial que ríe danzarinamente, contagiando con su sonrisa el sonido del caracol que va saludando envuelto en humo de copal a los cuatro rumbos y al universo, a la tierra y al corazón de los presentes.

Cientos de personas bajan abriendo brecha por los caminos llenos de jehuites y zarzales, entre las milpas y los zacatales que en esta época de lluvia crecen en un santiamén, y luego de cruzar con cuidado el río crecido, entre los lodazales, llegan impecablemente blancos de sus ropas a compartir la palabra en náhuatl y en español, pero sobre todo a levantar la voz desde las profundidades de la memoria histórica para exigir y para ofrendar el compromiso de seguir luchando por lo que da vida a los pueblos y las generaciones futuras.

Se agradece la experiencia del recibimiento en forma colectiva. La danza expresa la alegría del corazón al recibir el agua: in atl, in yolotl.

Esta ceremonia se realizó en el manantial Chihuahuita al rayar el sol y de ahí partimos al manantial siete veces más grande de Las Estacas, mostrando el contraste de lo que está a punto de perderse si avanza la destrucción urbana en La Cienega y lo que significa que ya los pueblos no tengan control sobre las aguas que se privatizan. Del Chihuahuita se alimentan 80 mil personas con un caudal de mil litros por segundo, mientras que los 7 mil litros por segundo de Las Estacas solo se dedican al turismo y al cultivo, sin que los pueblos disfruten su agua para saciar su sed. Contrastes que golpearon a quienes vienen de Kuentepek y nunca habían estado en este enorme borbollón por la imposibilidad de pagar la entrada.

Salimos de Las Estacas con el ánimo contrariado porque sólo se permitió el paso de la mitad de la Caravana de ofrecimiento de ofrendas al agua. Pasamos por San Rafael y el monumento a Marcos Olmedo, del CUT de Tepoztlán, nos recordó la sangre derramada por el pueblo en defensa de la tierra. Llegamos al balneario ejidal de El Almeal y la ceremonia ritual quedó en segundo término, en un escenario donde crece sin embargo la conciencia del daño que se causa a los manantiales por las gasolinerías. De ahí, la caravana llegó a El Texcal, donde los pueblos de Texalpa (Tejalpa) y Santa Catarina, recibieron con una ofrenda en náhuatl a los pueblos que en su misma lengua establecieron un diálogo fecundo con Xoxocotla y Kuentepek, en un reencuentro no sólo en su propia lengua, sino con la ceremonia del agua que ha muchos años no se realizaba en esta aún hermosa laguna de Ahueyapan, en donde los 8 manantiales se mantiene en un área de reserva, protegida, pero cada vez más expuesta a la contaminación y a la degradación por las invasiones crecientes en El Texcal.

Con los últimos rayos del sol, Tonatiuh, se realizó la quinta ceremonia en los manantiales de Gualupita, celebrados en forma milenaria por los pueblos originarios en lo que hoy es el Parque Melchor Ocampo de Cuernavaca; allí, los pueblos del norte del estado de Morelos se hermanaron con los del sur y fueron entregando uno a uno un collar de gardenias amarillas y un bastón de mando multicolor, el último de ellos de manos de una niña a un anciano de uno de los 13 pueblos, simbolizando el lazo intergeneracional que es propio de los pueblos que honran la sabiduría de las y los ancianos y luchan por la vida de las nuevas generaciones que, para ser futuro, tienen que ser valorados en su presente, el cual, como sabemos, es de lucha si queremos que el futuro sea no solo nuestro, sino de todas y todos.

En la imagen, indígenas del estado de Veracruz marchan semidesnudos en la ciudad de México (al fondo la estatua de Kuautemok), demandando el regreso de las tierras que les han arrebatado gobiernos como el del otrora priísta Dante Delgado, ex procurador agrario salinista, ex comisionado de una de esa dependencias de nombres largos que sirvieron para articular la contrainsurgencia zedillista en Chiapas y ex gobernador de Veracruz; hoy miembro del lopezobradorista Frente Amplio Progresista.

* Coordinador de Comunicación de la CIDHM.
cidhmorelos@gmail.com

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