La noche del pasado 5 de agosto, las catalanas Laia Serra Perelló, Nuria Morelló Calafell y Ariadna Nieto Espiné, el también catalán Ramón Sesén Marquina y el mexicano José Damián Reséndiz Saucedo fueron detenidos por elementos de Por su nacionalidad, Laia, Nuria, Ariadna y Ramón pueden hacernos suponer cierto gusto suyo por las composiciones de Joan Manuel Serrat, alguna que otra emoción futbolística cada que el Barça le gana al otrora club favorito de Franco o su participación en el desnudo masivo de 7 mil personas para que Spencer Tunick hiciera de las suyas, allá en Catalunya; pero ninguna de estas razones parecen estar entre las causales que la mentada secretaría argumentó para su detención, sino la de “escandalizar en vía pública”.
Para quienes residen en la capital oaxaqueña la inconsistencia de la “protección ciudadana” cada que alguien “escandaliza en vía pública” es lugar común; ¿quién no ha sabido de pleitos entre borrachos donde los “guardianes del orden” brillan por su ausencia y, cuando no, la sanción no pasa de un simple sabadazo? Entonces, eso de “proteger” a la ciudadanía no parece tampoco, al menos en este caso, tener motivaciones etílicas.
¿Qué hace, pues, tan peligrosos a Laia, Nuria, Ariadna, Ramón y Damián? Una respuesta puede ser que, como nos escribiera un comentarista anónimo cuando dimos cuenta de la detención de quienes desde La otra chilanga ya consideramos hermanos, “estaban en el chisme… una de cal por las que van de arena”; otra respuesta, menos elemental, esté quizás en sus oficios y profesiones.
Nuria, por ejemplo, es antropóloga, y hay que ver el grado de “peligrosidad” que acusa tal profesión: los chilenos Valentina Palma y Marco Aguirre fueron detenidos, golpeados, ultrajados y deportados a su país no por estar en Atenco y atestiguar la represión orquestada entre autoridades municipales, estatales y federales perredistas, priístas y panistas en contra del Frente de Pueblos en Defensa de
Ramón está peor: es profesor, y ya sabemos la ternura que desborda al (des)gobierno de Ulises Ruiz cada que escucha la palabra magisterio. La lista, desde aquella madrugada del 14 de junio de 2006, es larga; pero entre los botones de muestra más recientes está el caso del profe Emeterio Marino Cruz, quien tras ser detenido sin lesiones por policías que custodiaban
Más peligrosa aún, Ariadna colabora con el Centre Social Autogestionat
Pero la peligrosidad de Ariadna aumenta si tomamos en cuenta que es corresponsal del semanario de contrainformación
Pero, bueno, estamos hablando de México, donde los gobernadores pueden asociarse con redes de pederastas y no ser llamados ni siquiera a rendir cuentas; mandar a reprimir jóvenes altermundistas y ser nombrados para encargarse de la política interna del país; ordenar el desalojo de floricultores y luego la represión de movimientos sociales y aspirar a ser candidatos presidenciales; militarizar una entidad e instalar la ingobernabilidad como pan de todos los días y ser mantenidos en el poder a cambio de favores legislativos, o instaurar el anticondonismo como política pública de salud y recibir la venia del poder federal, además del saludo de algunos sectores de la izquierda dado lo “moderno” de su gobernar.
México, donde los militares y sus vehículos se vuelven parte del paisaje urbano y rural con la misma impunidad con que lo hacían durante el eufemísticamente llamado período de la guerra fría, arrestando periodistas, violando trabajadoras sexuales o asesinando ancianas, y donde el vicegerente de Estados Unidos en México puede tener el descaro de recibir en Los Pinos a la secretaria general de Amnistía Internacional, al presidente de
Por ello, Laia resulta todavía más peligrosa que sus paisanas y paisano, y es que en un país donde si los abogados se dedican a la defensa y la promoción de los derechos humanos son amenazados, encarcelados y hasta asesinados, las abogadas como Laia reciben un trato especial y si no que le pregunten a Yésica Sánchez Maya, de
El diario
2 comentarios:
Es una suerte que ya estén libres, y una pena que en México todavía pasen estas cosas... aquí todavía tenemos presente la represión policial. Es lo peor que le puede pasar a un país; que tengas miedo de quien te tiene que proteger.
Así es Palimp, y a eso le llaman Estado de Derecho.
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