15 de agosto de 2007

Homenaje a Catalunya.

La noche del pasado 5 de agosto, las catalanas Laia Serra Perelló, Nuria Morelló Calafell y Ariadna Nieto Espiné, el también catalán Ramón Sesén Marquina y el mexicano José Damián Reséndiz Saucedo fueron detenidos por elementos de la Secretaría de Protección Ciudadana de Oaxaca para comenzar un viacrucis por el infierno que significa el aparato de justicia en México.

Por su nacionalidad, Laia, Nuria, Ariadna y Ramón pueden hacernos suponer cierto gusto suyo por las composiciones de Joan Manuel Serrat, alguna que otra emoción futbolística cada que el Barça le gana al otrora club favorito de Franco o su participación en el desnudo masivo de 7 mil personas para que Spencer Tunick hiciera de las suyas, allá en Catalunya; pero ninguna de estas razones parecen estar entre las causales que la mentada secretaría argumentó para su detención, sino la de “escandalizar en vía pública”.

Para quienes residen en la capital oaxaqueña la inconsistencia de la “protección ciudadana” cada que alguien “escandaliza en vía pública” es lugar común; ¿quién no ha sabido de pleitos entre borrachos donde los “guardianes del orden” brillan por su ausencia y, cuando no, la sanción no pasa de un simple sabadazo? Entonces, eso de “proteger” a la ciudadanía no parece tampoco, al menos en este caso, tener motivaciones etílicas.

¿Qué hace, pues, tan peligrosos a Laia, Nuria, Ariadna, Ramón y Damián? Una respuesta puede ser que, como nos escribiera un comentarista anónimo cuando dimos cuenta de la detención de quienes desde La otra chilanga ya consideramos hermanos, “estaban en el chisme… una de cal por las que van de arena”; otra respuesta, menos elemental, esté quizás en sus oficios y profesiones.

Nuria, por ejemplo, es antropóloga, y hay que ver el grado de “peligrosidad” que acusa tal profesión: los chilenos Valentina Palma y Marco Aguirre fueron detenidos, golpeados, ultrajados y deportados a su país no por estar en Atenco y atestiguar la represión orquestada entre autoridades municipales, estatales y federales perredistas, priístas y panistas en contra del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y demás adherentes de La otra campaña, en una democracia no suceden esas cosas; sino por ser antropólogos y, en el caso de Valentina, hasta cineastas.

Ramón está peor: es profesor, y ya sabemos la ternura que desborda al (des)gobierno de Ulises Ruiz cada que escucha la palabra magisterio. La lista, desde aquella madrugada del 14 de junio de 2006, es larga; pero entre los botones de muestra más recientes está el caso del profe Emeterio Marino Cruz, quien tras ser detenido sin lesiones por policías que custodiaban la Guerraguetza que patrocinaron Telmex y Coca Cola terminó en estado de coma sólo por mostrar su identificación de pobresor.

Más peligrosa aún, Ariadna colabora con el Centre Social Autogestionat La Maranya, cuyos “delitos” van desde la realización de ciclos de cine hasta la promoción del consumo ecológico, pasando por la administración de una biblioteca popular y una sala de Internet donde se utiliza sólo software libre, y es integrante de la Confederació General del Treball, organización de trabajadoras y trabajadores que se define como anarcosindicalista (léase autónoma, autogestionaria, federalista, internacionalista y libertaria).

Pero la peligrosidad de Ariadna aumenta si tomamos en cuenta que es corresponsal del semanario de contrainformación La Directa. Harto conocido, inclusive a nivel mundial, es el respeto que en México tenemos por el oficio de don Francisco Zarco: ostentamos el sitial de segundo país más inseguro para el ejercicio del periodismo (sólo nos la gana Irak), donde nombres como Manuel Buendía o Héctor "El Gato" Félix Miranda son ya parte de la cariñosa historia entre el poder y aquellas plumas que le son incómodas; por no hablar de la persecución y secuestro de Lydia Cacho y el asesinato de Brad Will, casos tan famosos como indignantes.

Pero, bueno, estamos hablando de México, donde los gobernadores pueden asociarse con redes de pederastas y no ser llamados ni siquiera a rendir cuentas; mandar a reprimir jóvenes altermundistas y ser nombrados para encargarse de la política interna del país; ordenar el desalojo de floricultores y luego la represión de movimientos sociales y aspirar a ser candidatos presidenciales; militarizar una entidad e instalar la ingobernabilidad como pan de todos los días y ser mantenidos en el poder a cambio de favores legislativos, o instaurar el anticondonismo como política pública de salud y recibir la venia del poder federal, además del saludo de algunos sectores de la izquierda dado lo “moderno” de su gobernar.

México, donde los militares y sus vehículos se vuelven parte del paisaje urbano y rural con la misma impunidad con que lo hacían durante el eufemísticamente llamado período de la guerra fría, arrestando periodistas, violando trabajadoras sexuales o asesinando ancianas, y donde el vicegerente de Estados Unidos en México puede tener el descaro de recibir en Los Pinos a la secretaria general de Amnistía Internacional, al presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y al titular de la Cruz Roja Internacional y asegurarles que la impunidad no es práctica común de su administración, mientras le acompañan su secretario de Gobernación y su procurador General de la República, personas de probadísima trayectoria en la represión a defensores y promotores de derechos humanos.

Por ello, Laia resulta todavía más peligrosa que sus paisanas y paisano, y es que en un país donde si los abogados se dedican a la defensa y la promoción de los derechos humanos son amenazados, encarcelados y hasta asesinados, las abogadas como Laia reciben un trato especial y si no que le pregunten a Yésica Sánchez Maya, de la Liga Mexicana para la Defensa de los Derechos Humanos; ya que Digna Ochoa y Plácido no puede hacerlo. Y es que Laia es integrante de la Comisión de Defensa del Colegio de Abogados de Barcelona, secretaria de la Asociación Catalana para la Defensa de los Derechos Humanos, miembro de la Asociación de Abogados Europeos Demócratas y, para acabarla de amolar, integrante de la Comisión Civil Internacional de Observación por los Derechos Humanos que desde 1998 viene dando cuenta de la violación a garantías individuales en México, cuando la masacre de Acteal hizo que la comunidad internacional volteara la mirada hacia estas tierras (ahora sus perpetradores actúan bajo los colores del perredismo con la connivencia de su líder moral, Andrés Manuel López Obrador, y de quienes como él guardan un silencio cómplice ante las agresiones de los paramilitares para con bases de apoyo zapatistas).

El diario La Jornada tituló su editorial del pasado 14 de agosto con una frase que al parecer alguna de ellas, o él, usó en la conferencia de prensa luego de su liberación: El portal del horror. Tal vez, como dijera el presidente de la gubernamental CNDH, estén exagerando y lo que nuestras hermanas y hermano catalanes creen que fueron golpes, insultos, amenazas, robo de dinero y documentos o tocamientos sexuales, parte de una detención ilegal, fue tan sólo un cuadro colectivo de ardor o dolor en el epigastrio acompañado de náuseas. Cualquiera sabe que una mala alimentación causa padecimientos como éste; seguramente Ramón, Nuria, Ariadna y Laia, estando en el sureste, comieron algo que les provocó lo que quienes mal gobiernan en México llaman gastritis. Que no se preocupen, eso que comieron se quita, como dice Lula, con la edad y acá algunos le llamamos dignidad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es una suerte que ya estén libres, y una pena que en México todavía pasen estas cosas... aquí todavía tenemos presente la represión policial. Es lo peor que le puede pasar a un país; que tengas miedo de quien te tiene que proteger.

Sebastián Liera dijo...

Así es Palimp, y a eso le llaman Estado de Derecho.

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