Aquella metáfora continúa tan vigente como el actuar de la clase política mexicana. Tal vez el espectador no recordará a uno de los primeros gobernadores señalados como socios del narcotráfico, pero quizás sí se acuerde que el camino costero que en tonos grises de asfalto y rojo ¿de barro? conduce de Guaymas a Bahía San Carlos, en Sonora, lleva el pomposo nombre de Boulevard Manlio Fabio Beltrones, actual coordinador parlamentario del PRI y ex gobernador de aquél estado; o, a lo mejor, haya escuchado de la todavía más famosa “Carretera del Amor” que el ex senador panista Diego Fernández de Cevallos mandara a construir entre Tepatitlán y Arandas para visitar a su novia, con apoyo incondicional del entonces gobernador de Jalisco, el represor Francisco Ramírez Acuña, actual secretario de Gobernación.
Alguna vez en una entrevista, no recuerdo si con Luz Aída Salomón, de Proceso, o Miguel Ángel Pineda Baltasar, de El Día, Óscar Liera confesó que le obsesionaba como tema, además de lo religioso, la familia y, mucho más, el manejo del poder, los juegos de poder, el manipuleo del poder. “¿Cómo es posible –se preguntaba- que un presidente tenga el poder absoluto para hacer lo que se le pegue su (bip televisivo) gana? Eso no puede ser. Se juega con el poder a niveles muy terribles. Es muy enfermizo, porque las personas que llegan a estar detrás de un escritorio se enferman de poder y pronto se sienten intocables”.
El antídoto teatral por excelencia contra el poder es la farsa, género considerado por el dramaturgo Carlos Prieto –plagiado por Salvador Novo y boicoteado por Rodolfo Usigli y Luis G. Basurto- el más difícil de escribir, dirigir y actuar porque requiere de una precisión y un oficio extraordinarios. Para Óscar Liera, la farsa será el género de nuestro tiempo:
“El género es un tratamiento que se le da a la obra de acuerdo con la finalidad que se desea obtener del público, del fin que se persiga al capturar y reflejar la realidad, el efecto que se desee conseguir […] Exagerando las situaciones, la actuación misma, podemos volver a tomar la sensibilidad de la gente […] Entonces, al trabajar la farsa se logra un doble efecto. [Por un lado], la gente se ríe y, por otro, se produce una catarsis. Además [como] la risa es subversiva […] la farsa es entonces un género que atenta”.
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En Camino rojo a Sabaiba, a decir de Esther Seligson citando a su vez a Mircea Eliade, a través de la memoria primordial:
“Se accede a las realidades originarias que constituyen el fundamento de este mundo, [y que en esta obra] están pobladas de las ánimas de los muertos, de la reminiscencia de sus hazañas, crímenes, amores, sueños y penares, de supersticiones y leyendas, como de una violenta denuncia descarnada contra la forma de sociedad que el hombre se ha construido. […] El marco dramático de esas ‘realidades’ es una constante desarticulación espacial y temporal de la realidad para sumergirla en los mundos de lo sobre natural, del animismo, de la metáfora y su sensualidad desbordante, de la así llamada ‘locura’ como posibilidad de abarcar sus rostros a la manera […] de los hablas y decires de la tradición e iconografía populares”.
Camino rojo a Sabaiba no es entonces una obra cuya puesta en escena resulte una tarea fácil, a pesar de sus referentes comunes con otros textos no sólo dramáticos; sino, precisamente, la repercusión de estos mismos la convierten en un reto de grandes proporciones que lo mismo puede desvelar las carencias histriónicas o de producción y dirección, que resaltar sus virtudes y aciertos; de tal condición es su generosidad.
Entre los aciertos a mi parecer indiscutibles de ésta que según mis cuentas sería la quinta puesta en escena de Camino rojo a Sabaiba, desde que Adam Guevara la montara con
Entre las virtudes más destacadas está lo que según yo ha sido el mayor logro de este novel reparto: haber comprendido a cabalidad esta especie de viaje a Eleusis que Fabián Romero Castro hará perpetuando el eterno caminar sin rumbo, perdido, del hijo bastardo y desheredado que nunca pasará de ser un simple renacuajo (Roger Bartra dixit) en el estanque de una humanidad que tiene por doble motor a la venganza y la ignorancia más que a la dignidad y la esperanza, y conseguir traducir ése mismo entendimiento en acciones físicas que dieron paso a los pensamientos, emociones y experiencias que luego nutrieron con las herramientas y recursos actorales aprendidos a lo largo de cinco años de carrera; para lograr que, finalmente, el espectador pudiera seguirlos sin perderse.
2 comentarios:
hola estoy muy interesado en este libro pero no logro encontrarlo ni en la biblioteca central de la unam, alguien podria darme una idea de donde comprarlo o bajarlo???
esta en el fondo de cultura económica, buscalo como obras completas de oscar liera
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