|
Por Dulce Colín Revista EMEEQUIS - Periodismo Indeleble. No. 88. |
Hace más de un año, el día que la detuvieron y torturaron en San Salvador Atenco, Valentina Palma revivió el recuerdo de la dictadura chilena. Una estudiante de cine que se encontraba ahí para registrar los enfrentamientos entre pobladores y cuerpos policiales en el estado de México, en los que más de 200 personas sufrieron violaciones a sus derechos humanos. El Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México la trajo como invitada para presentar Austral hibridez, el documental que resultó de aquella experiencia.
El crimen de Valentina Palma fue el de mirar. El de tomar una cámara y desplazarse hasta San Salvador Atenco, estado de México, para registrar en video los enfrentamientos entre los pobladores y la Policía Federal Preventiva después de un operativo de desalojos en la zona.
Valentina sólo quería registrar lo que sucedía. Estar ahí, filmar, escuchar. Así es la profesión que eligió, la impertinencia nada tiene que ver. Era una estudiante de cine interesada en el género del documental, que escuchó en la radio la noticia sobre un joven de 14 años que fue asesinado durante la intervención de la policía en mayo de 2006.
Sólo quería observar. Cuando la policía entró al centro de Atenco a tomar la plaza, hasta ese momento en control de los pobladores, Valentina se refugió en una biblioteca. Pero al cabo de unas horas entraron. La detuvieron, la torturaron y la deportaron de forma ilegal del país donde vivió durante 11 años.
Ha pasado más de un año desde entonces. Diecisiete meses, con exactitud, pero el tiempo ya no importa, sino la vida. Sanar heridas, reencontrar el país de origen, tener una hija y terminar una película que lo mismo sirve como catarsis que para denunciar el abuso que muchos desdeñaron.
Valentina regresó a México a presentar en el Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México aquella película, el trabajo al que llamó Austral hibridez.
Un relato en primera persona. No podía ser de otra manera. Se trataba de su historia personal después de Atenco. Y es en ese mismo tono, personal, que ahora habla desde Santiago de Chile, ciudad en la que radica desde entonces:
“Hacer documentales, seas partícipe o no frente a cámara, implica ser espectador de la realidad que se quiere mostrar. Salga una o no en pantalla, hacer documentales implica dejar algo de uno en la realidad que se quiere contar. Pasa justamente por la mirada de Valenetina, por el lugar en el que decides situarte para contar la realidad que te llamó la atención y convencer al espectador de que esa realidad es interesante. Esa mirada es la que hace interesante una situación, la que la vuelve documental. Sin ella sería sólo un documento.
“Al principio me daba mucho miedo ser protagonista, mostrarme en pantalla. Era como decidir encuerarse frente a todos, pero poco a poco me fui convenciendo de que para la historia que quería contar era necesaria mi presencia. Finalmente es un reencuentro con mi país, con Chile, después de que me deportaron de México.
“Es difícil voltear la cámara y mirar al interior de uno mismo para, explícitamente, contar desde ahí. La opción de hacerlo tiene que ver con una necesidad de contar el mundo propio, de no subestimar tu historia y creer que los sentimientos son universales y la demás gente puede identificarse con ellos. Contar en primera persona implica hablar con el corazón en la mano, exponerse, ser sincera contigo misma, buscar en el interior de uno, pensar y repensarse. Eso toma tiempo, pero ya que vas avanzando y lo logras se siente muy bien”.
Austral e híbrido. Austral, por localizarse en el sur, e híbrido, por ser un país lleno de mezclas. Una combinación de situaciones, personas y lugares. Así es el Chile que encontró Valentina. El país al que regresó después de la deportación. “Austral e híbrida yo también soy por haber nacido aquí y por haber regresado después de vivir 11 años en México”.
Austral hibridez es también un recorrido en el tiempo y el territorio al que Valentina se aferra. Comienza en el avión que la lleva de regreso a su país, un Chile que aún no termina de reconciliarse consigo mismo. Que no ha olvidado, porque basta con que una mujer mire la fotografía de sus hijos asesinados durante la dictadura de Augusto Pinochet para que las lágrimas broten, una vez más.
En Santiago se encuentra con aquella mujer. Valentina escucha su historia, ve las fotografías, la acompaña a la clase de tai chi que imparte en un parque para otras mujeres. Después continúa su recorrido. A Valparaíso, Concepción, Puerto Montt.
“Un retrato, un reencuentro. Una fotografía de Chile y su identidad vista desde la subjetividad de su realizadora. Un viaje de reencuentro con mi país, al cual miro como queriendo que, por favor, después de lo sucedido, me reciba cálidamente, como en una cuna. Un reencuentro con Chile y también conmigo misma, una necesidad de caminar, avanzar, mirar y encontrarme en los demás”.
“Nos llevaron a un costado de la iglesia, donde ya había muchos detenidos, y nos obligaron a arrodillarnos; nos seguían golpeando. Me robaron todo: documentos, mi material, la cámara. Luego nos subieron a una camioneta. Me arrojaron sobre unos cuerpos ensangrentados. Uno de los uniformados me ordenó que pusiera la cara contra el piso, pero había un charco de sangre. Como me resistí, aplastó mi cabeza con su bota. Ahí empezó el abuso sexual. Me insultaron, me manosearon todo lo que quisieron. Yo era la única mujer y a mi lado venía un viejito que gemía y pedía piedad. Su cara era una sola costra de sangre. Traté de tocarlo y me golpearon. No puedo quitármelo de la cabeza, iba muy mal”.
Así fue como relató su historia a la periodista Blanche Petrich cinco días después, ya desde Santiago de Chile. Valentina fue una de las 47 mujeres detenidas que fueron agredidas físicamente durante su traslado al penal de Almoloyita. Ciento cincuenta personas más fueron golpeadas y torturadas con toletes, armas de fuego y palos eléctricos. Dos jóvenes murieron.
“Los gobiernos tienen un doble discurso. Por un lado, hablan de democracia, participación social, respeto a los derechos humanos y, sin embargo, hacen todo lo contrario y se lavan las manos sin pelos en la lengua. Es algo así como que la democracia con sangre entra. Por otra parte, ver cómo los grandes medios de comunicación son los hacedores de ‘la’ realidad me parece terrible. Pero revindico a toda la gente, del país que sea, que de una u otra manera, organizada o no, se opone a este orden de cosas y tiene la esperanza de que las cosas sean diferentes”.
Hoy hace un recuento de daños. Perdió su equipo de grabación, las herramientas que no ha podido reemplazar por falta de recursos. Pero es el sueño tranquilo el que costará más trabajo recuperar. “Después de ser torturada, una no vuelve a soñar como antes”.
Aun así, ella se concentra en las ganancias, si es que tal cosa es posible.
“No me concentré en lo que perdí porque la lista podría ser interminable. Mi terapia fue sacar lo bueno de ello. He ganado muchas cosas. Primeramente, una familia; un novio muy amoroso y una hija que es lo más querido. Una experiencia que me hace ahora mirar la vida con más tranquilidad, con más amor a cosas pequeñas. Una visión aún más critica del poder y sus formas de represión y unas ganas enormes de seguir estando en contra del orden de vida que los malos gobiernos quieren imponer”.
Austral hibridez finaliza frente al mar y ahí, Valentina habla de los ciclos de la historia, porque así es la vida. Una vida nueva, la de ella misma y la que en ese momento aún se gestaba en su cuerpo: Esperanza, su hija.
8 comentarios:
Saludos para esta vía de denuncia y análisis de la crudas realidades que afligen a los que habitamos el querido Tercer Mundo...
Invito a todos a reflexionar sobre los derechos humanos de una manera artística en:
http://belmarblog.blogspot.com/
Saludos Belmar, allá nos vemos.
Aush es duro leer esto ...
Y mas cuando comparto la pasion y parte de la profesion de esta mujer ...
Es extraño que decidimos tomar el camino de la comunicacion por pasion y entrega ...
Pero al mismo tiempo criticamos y no estamos deacuerdo con el sistema al que yo llamo ...
" VENDER EL CIELO A BASE DE MENTIRAS "
por:
TELEVISA Y TV AZTEKA
Somos muy pocos los que estamos en este giro , que queremos cambiar y hasta cierto punto preferimos MORIR A CALLAR ...
Saludos Sebastian , y no me perdere ese documental
Sí, el caso de Valentina creo que es emblemático y, al mismo tiempo, sólo un botón de muestra. Durante el segundo sexenio del salinato, Ernesto Zedillo ordenó la expulsión de unos 40 italianos y muchos otros observadores de derechos humanos que resultaron incómodos al régimen: práctica autoritaria pura. Eso mismo vimos en Atenco: una española, una alemana, un chileno y una chilena: Valentina, expulsadas por ser una mirada incómoda, que no podrían hacer callar. Pero no sólo expulsión hubo en este caso; las agresiones sexuales son parte de este hacer botín a quien es mujer.
Un asko ...
Me olvide xD =) jeje =) pues que puedo decir el placer es mio de recibir esos comentarios por mi blog y mucho mas placer leerte ( OFF TOPIC QUE EDUCADOS SOMOS VITE??? ))
Besoo
por cierto , por unos dias creo qu eno abra novedad por el blog e joio mi sistema operativo jajajaja no pregunten como...
No preguntaremos.
so cooooool!AV,無碼,a片免費看,自拍貼圖,伊莉,微風論壇,成人聊天室,成人電影,成人文學,成人貼圖區,成人網站,一葉情貼圖片區,色情漫畫,言情小說,情色論壇,臺灣情色網,色情影片,色情,成人影城,080視訊聊天室,a片,A漫,h漫,麗的色遊戲,同志色教館,AV女優,SEX,咆哮小老鼠,85cc免費影片,正妹牆,ut聊天室,豆豆聊天室,聊天室,情色小說,aio,成人,微風成人,做愛,成人貼圖,18成人,嘟嘟成人網,aio交友愛情館,情色文學,色情小說,色情網站,情色,A片下載,嘟嘟情人色網,成人影片,成人圖片,成人文章,成人小說,成人漫畫,視訊聊天室,性愛
Publicar un comentario