
El teatro no es sólo una acción o una herramienta propagandística, sino, sobre todo, un oficio, una profesión, un quehacer. En términos del quehacer político podemos reducir el quehacer teatral a mera propaganda, un panfleto para informar; pero si anteponemos el quehacer teatral al político, el teatro y sus públicos tienen derecho a ver teatro donde sus creadoras y creadores hayan imaginado que debe ser visto, y cuando eso signifique ir a una sala teatral tendría que ser así. El derecho no es sólo algo que se demanda, sino también algo que se ejerce; un producto teatral que ha sido diseñado para una sala teatral debe ser visto allí mismo y querer que el pueblo vaya allí y lo vea no es "darle continuidad al modelo capitalista", sino ofrecerle al pueblo un teatro que merece; cuando ése teatro esté diseñado para otros espacios, lo mejor sería que los públicos fueran a esos otros espacios, simplemente.
Ahora bien, está el tema de la gratuidad, como dijera Sebastián en la entrada 4 de este debatito se ha puesto a disposición de la gente, no sólo del pueblo, puestas en escena cuya entrada es gratuita, a los públicos lo único que les costaría sería el boleto del metro o el costo de su transporte; no obstante, lejos de ir a estas representaciones, muchas de ellas de altísima calidad, la gente, y no sólo el pueblo, prefiere gastarse lo que no tiene "en chelas, cacahuates y sabritones para ver el futbol"; eso es lo que se critica.
Por otra parte, claro que podemos juzgar a la juventud y a quien sea que decida apostarle a la enajenación más que a la liberación, y eso va en respuesta a eso de que no podemos juzgar "a la banda de gastarse el varo en chelas o vicios". En principio, no estamos generalizando; somos muy específicos cuando desde los grupos y compañías de teatro decimos, como Sebastián, que la gente prefiere gastarse el varo en unas cosas que en otras; de suerte que eso de las deudas y utilizar el varo en caravanas no es más que desviarse del punto de la discusión, porque no estamos criticando a quienes por deudas no va al teatro ni a quienes deciden ocupar su poco varo en construir un proceso lucha como lo es el de la Otra Campaña; estamos criticando a quienes pueden cubrir más o menos sus deudas, pueden construir un proceso de lucha digno y, cuando están ante la disyuntiva de ir al teatro o prender la taravisión o el churro o pescarse de la chela, lo que desdeñan es el teatro: lo demás, es sólo patetismo.
Lo de la guerra psicológica lo entendemos; pero nos suena a justificación. En nombre de esa guerra psicológica las comunidades y los pueblos zapatistas jamás habrían reglamentado que en el territorio bajo su guarda se prohibiera el alcohol y la droga: ¿graves depresiones? eso cura chingándole, trabajando duro en la construcción de ése México y ése mundo nuevos y mejores que soñamos.
Pero no nos confundamos ni pongan palabras en nuestra boca; de manera colectiva, pensamos que cada quien puede hacer de su cuerpo un papalote y que incluso el consumo de sustancias tóxicas o estupefacientes es un derecho que asiste a cada quien siempre y cuando ello no le lleve a lastimar a terceros: cuando el derecho a fundirse los fusibles de la chompiroleta choca con la integridad y la seguridad de alguien o álguienes el derecho se acaba y se convierte en una amenaza. Por eso, retomando el punto de la discusión, no creemos que el asunto sea decirle a la banda que no tome o que no se meta lo que quiera, se trata de que hay quien prefiere hacer una cosa por otra aun cuando ver teatro sea completamente gratis, y allí el choro paternalista termina sobrando.
Eso no quiere decir, aclaramos, que no esté chido el ejercicio de ida y vuelta de pensamientos e ideas.
Por otra parte, está el detalle de no alcanzar a comprender que en el caso de quienes hacemos teatro para vivir no tod@s estamos pensando echar mano de él para el trabajo político, de la misma manera que un compa electricista no se la pasa cortando la luz de las oficinas de gobierno para sabotear al Poder o un telefonista se abstiene de acercarnos el wato de teléfonos móviles pa' la causa. No, nadie, o casi nadie, regala su chamba a la causa: se va a la fábrica o al centro de trabajo, se gana un@ la papa (porque la chuleta es ya pedir demasiado) y luego se acerca un@ a la chamba política a discutir, pensar, intercambiar opiniones, poner una mesa de información en una plaza pública, marchar, pegar carteles y calcomanías, repartir volantes, redactar comunicados, administrar una güeblog, etcétera. Si lo que hacemos, porque es en lo que somos buen@s, sirve pa' la chamba de la polis pues le atoramos con ello; pero en el caso de quienes hacemos teatro ello significa producir algo para regalarlo a la causa; lo cual se puede hacer, y de hecho así se hace, el asunto es que nadie tiene derecho a exigírnoslo como si fuera nuestra obligación y, si no lo hacemos, acusarnos de "darle continuidad al modelo capitalista": ¿quién le dará más continuidad al capitalismo: quien produce y aspira a ganar lo que por su trabajo merece o quien busca justificar su consumismo enajenado y enajenante, sea de papas fritas, sea de chelas, sea de mota?
Aquí le dejamos nosotr@s. Lo del ejemplo de la antigua izquierda, traído a colación por Sebastián, tendrá que aclararlo él cuando aparezca, si lo traducimos nosotr@s corremos el riesgo de malinterpretarlo y de que nos tachen de ser su rubén-aguilar: "lo que el marrano quiso decir..."; pero sí podemos adelantar que lo que creemos no es que se refiera a que alguien está manipulando a la Otra Campaña, sino que habla de reciprocidad: yo, actriz-actor, estoy dispuest@ a regalar mi chamba a la causa, a organizaciones y colectivos que precisan de una herramienta propagandística, ¿qué están dispuestas a dar a cambio ésas organizaciones, esos colectivos?
Y no, no se supone que no hay líderes entre los colectivos y organizaciones; el liderazgo se construye con el ejemplo: estamos de acuerdo que no sería lo mismo que el EZLN nos convocara a acciones conjuntas o dislocadas a que si lo hiciéramos el colectivo de La Otra Chilanga: a nosotr@s nadie nos pelaría. Lo mismo sucede entre colectivos y organizaciones, y al interior de aquellos y éstas; pero eso no implica manipulación, ni agandalle... claro que no.
Viene de aca [*].
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