9 de agosto de 2013

Abajo, la «escuelita zapatista»; arriba…

(Publicado en Milenio-Novedades de Yucatán el 6 de agosto de 2013, en su versión corta).

Hace 19 años, cuando yo tenía 19 años, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional había hecho pública su Segunda Declaración de la Selva Lacandona convocando a la celebración de lo que llamó la Convención Nacional Democrática. La CND, reconociéndose heredera de la Convención Revolucionaria de Aguascalientes de 1914 que consiguió reunir a las fuerzas más progresistas y radicales de la así llamada revolución mexicana, llamaba a la multimentada «sociedad civil» a sumarse al neozapatismo (Carlos Aguirre Rojas dixit) en la lucha por un gobierno de transición y un nuevo constituyente que garantizaran un tránsito pacífico a la democracia.

Yo provenía de un comité civil integrado por diez jóvenes que, cada quien su modo, nos habíamos acercado desde diversos espacios de Torreón, Gómez Palacio y Ciudad Lerdo, corazón de la Comarca Lagunera, a eso que a veces llamamos las artes y la cultura. Por un solo voto de diferencia, la decisión de quién representaría al Comité Civil «Don Durito de la Lacandona» recayó en mí dando paso a un encuentro personal con lo que sería una de las experiencias más determinantes de mi vida, parte sustancial de un episodio generoso en enseñanzas que en su mayoría aún ahora no termino por asimilar.

Traigo a colación este momento de lo que a simple vista no parece ser sino el anodino capítulo de una microhistoria personal como cualquier otra para con el zapatismo del siglo XXI porque, creo, la invitación a la «Escuelita Zapatista», la iniciativa más reciente del EZLN para articularse con quienes aún caminamos o recién nos sumamos, según sea el caso, a su andar de casi 20 años de decidida presencia en el escenario político nacional, tendrá como parte medular un ejercicio a medio caballo entre la ironía socrática y la mayéutica: entre el creer que se sabe lo que en verdad se ignora y el descubrir que yace en nosotr@s mism@s el saber de lo que creemos ignorar.

Me explico.

La «Escuelita Zapatista», como adelanta el subcomandante insurgente Moisés en la carta «Él Somos», parte 6 de la serie «Ellos y nosotros. VI. Las Miradas», es «la escuela humilde de mis compañer@s que quieren compartir lo poco que hemos aprendido, para ver si les va a servir allá en sus lugares de trabajo donde viven […] donde explicamos de cómo es la libertad para l@s zapatistas, y así ver nuestro avance y nuestras fallas que no las escondemos, pero directo con los mejores maestros que hay, que sea los pueblos zapatistas», para quienes «ya es libertad […] hacer lo que quieren y como la piensan de una vida mejor.»

Así, pues, el primer curso de la «Escuelita Zapatista» se llama «La Libertad según l@s Zapatistas» y, como apunta el subcomandante insurgente Marcos en la primera entrega de la serie «Ellos y nosotros. VII. L@s más pequeñ@s», será impartida directamente «por compañeros y compañeras bases de apoyo del ezetaelene que han desempeñado los distintos cargos de gobierno, vigilancia y cargos de diversa responsabilidad en la construcción de la autonomía zapatista.»

A simple vista, puede creerse que con la «Escuelita Zapatista» el EZLN responde a buena parte de las interrogantes que la muy sobada «sociedad civil», mientras mira los calendarios y las geografías (Marcos dixit) del arriba que le condiciona, se hace un tanto cuanto sorda y no menos hipócrita sobre los supuestos “silencios” del zapatismo ante otras luchas de carácter nacional e internacional; algo así como un: «disculpen que no estemos en su carnaval electorero, pero estábamos ocupad@s construyendo un mundo mejor».

Sin embargo, la «Escuelita Zapatista», más que responder, pregunta algo y para hacerlo recurre a un dispositivo que propicie el diálogo, la mirada, el encuentro, mediante un discurso que, como es costumbre en las y los zapatistas, parece burlarse de todo, incluyendo de sí mism@s (la ironía socrática) y un juego de espejos (la mayéutica). La pregunta, expuesta con todas sus letras por Marcos en la carta «Votán II. L@s guardian@s», es: ¿Qué es la libertad según tú-ustedes?

No obstante, para responderla, el así llamado neozapatismo no se conforma con el carácter socrático de su iniciativa y nos confronta, puesto que capacidad de burlarse de un@ mism@ y espejos, desde postulados marxistas; específicamente, los discutidos en aquél que para el Engels de 1888 era «el primer documento en que se contiene el germen inicial de la nueva concepción del mundo»: las Tesis sobre Feuerbach, que se encuentran en el «Cuaderno de notas» del Marx de los años 1844-1847.

Para muestra, unos botones; cortesía del subcomandante Moisés:
«Cada vez la están mejorando, porque además la ven la necesidad y que además la práctica que hacen es la que demuestra de cómo mejorar, o sea la práctica es la mejor forma de trabajar para mejorar. La teoría nos da idea, pero la que da forma, es la práctica, el cómo gobernar autónomamente.» 
«Es como por ahí hemos escuchado que dice: ‹Cuando el pobre crea en el pobre, ya podremos cantar libertad›. Solo que eso, no sólo lo hemos escuchado, sino que la estamos haciendo en la práctica. Ese es el fruto, que quieren compartir nuestr@s compañer@s.» 
«Es mucho lo que les puedo decir, pero no es lo mismo, que l@s escuchen, que l@s vean o que l@s miren y que si tienen pregunta en viva voz les contesten mis compañeros y compañeras bases de apoyo. Aunque con dificultad les contesten por la castilla, pero la mejor contestación es su práctica de l@s compañer@s, que están a la vista y que la están viviendo.» 
«Organización se necesita, decisión se necesita, acuerdo se necesita, luchar se necesita, resistencia se necesita, defenderse se necesita y trabajar se necesita, práctica se necesita. Si falta algo más, hay agreguen ustedes compañeros y compañeras.»
Obviamente, estos paralelismos burdamente presentados, pues mi formación no es la de un politólogo, un historiador o un sociólogo: yo soy sólo un cómico, no agotan, ni mucho menos, las reflexiones y, ni qué decir, las experiencias en torno a la «Escuelita Zapatista», ya que cada quien su modo y su propia microhistoria.

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