Por: Martina Paillacar Mutizábal, periodista Colectivo Informativo Mapuche Mapuexpress*
Son las mujeres de los Pueblos
Indígenas en Sudamérica, sujetas que día a día, luchan desde el
feminismo indígena de forma cada vez más activa por la defensa de sus
Derechos políticos, sociales, económicos, culturales; por el respeto a
los Derechos colectivos e individuales que como mujeres tienen; por el
desafío a las estructuras de poder; por la transformación social con
equidad de género. Cada vez más partícipes de diversos espacios
políticos en la búsqueda de igualdad de condiciones, las mujeres
feministas e indígenas se reúnen para cuestionar críticamente y luchar
contra el colonialismo, el patriarcado, el capitalismo, para acabar con
las desigualdades, con las prácticas de violencia, impunidad,
discriminación, negación, invisibilización, represión, persecución y
violación a los Derechos Humanos, que diariamente viven en distintos
territorios sudamericanos.
En ese sentido, las luchas de resistencia y
rebeldía de las mujeres feministas e indígenas que plantean la
liberación de las mujeres, proponen el Buen Vivir como paradigma y
principio regidor y especialmente como alternativa al modelo de
desarrollo capitalista. Emerge por tanto la organización, las
estrategias de resistencia, lo comunitario, la articulación, la
solidaridad y las redes de apoyo. Así, cuestionan críticamente a los
Estados y a las políticas que judicializan y criminalizan las diversas
luchas por la autonomía y libre determinación de los Pueblos Indígenas y
que, como es ampliamente conocido, niegan sistemáticamente sus
derechos. A su vez, se critica sólidamente al modelo extractivista y
con ello, a las industrias y empresas nacionales y transnacionales que a
través de la implantación de proyectos invasivos contra la naturaleza –
como las mineras, hidroeléctricas, forestales, salmoneras, petroleras,
entre otros- afectan gravemente al medio ambiente, generando negativas
consecuencias socio culturales contra los Pueblos, dañando con ello
particularmente a las mujeres indígenas, que en general se ven aún más
afectadas en Sudamérica por su calidad de mujeres, de indígenas y en
muchas ocasiones empobrecidas.
Es así como las mujeres en general e
indígenas en particular, sufren problemáticas asociadas a la violencia,
sea ésta sistémica, física, económica y patrimonial, psicológica,
sexual, simbólica, y a su vez, viven problemáticas asociadas al racismo y
clasismo, que se extiende más allá de toda frontera. En esa línea, el
machismo y androcentrismo- flagelo y opresión ampliamente presente en
espacios públicos y privados- se acentúan con el colonialismo y el
neoliberalismo y se reproduce y profundiza a través de las políticas
públicas y los medios tradicionales de comunicación que responden a los
intereses políticos dominantes.
Bajo el actual modelo en Sudamérica, en
muchas ocasiones son las mujeres indígenas quienes deben asumir las
responsabilidades del hogar y la familia, quedando marginadas y
reducidas al espacio privado del hogar, en la crianza de niños y niñas. A
pesar de ello, su rol no es pasivo, si no al contrario, cada vez más,
asumen la urgencia de participar en espacios colectivos de organización
política para la defensa de sus derechos.
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