Por: Ricardo Andrade Jardí / Por Esto!
No deja de ser por demás curioso, por no decir sumamente peligrosa, la
avalancha de descalificaciones contra el pueblo maya de la Península de
Yucatán, por haber ganado un amparo, que obliga, como debió ser desde un
principio, a todos los niveles de gobierno y actores involucrados
(léase empresas y organizaciones no gubernamentales, que en nuestro país
por aquello de la revolución institucionalizada y de la cultura del
priismo, se llaman organizaciones de la sociedad civil, otro tema para
debatir sobre los imaginarios opresivos en México) a consultar a los
pueblos sobre los proyectos llamados “sustentables”, del capitalismo
verde, capitalismo a final de cuentas.
Muchas son las voces que pretenden descalificar a los mayas y sus
procesos organizativos. Alarmantes los argumentos de carácter clasista y
racista descalificándolos. Pocos, de estos argumentos, o más bien casi
ninguno, habla con verdad del futuro real de las comunidades mayas.
Uno no sabe si llorar o reír al leer las declaraciones de Eduardo
Batllori Sampedro, titular de la Secretaría de Medio Ambiente y
Desarrollo Urbano (Seduma) en Yucatán, cuando dice, según lo publicado
por medios impresos: “Consulta con comunidades, innecesaria porque
trabajamos con ellas”, es decir, el secretario del saliente y derrotado
gobierno prrista de Yucatán, según las presuntas declaraciones
publicadas, si el gobierno trabaja con los mayas, ëstos pierden su
calidad de sujetos de derecho, pasando a ser asujetados bajo la tutela
de don Estado, don osc/ongs y don empresas nacionales y transnacionales
que pueden decidir sobre el derecho de los mayas a tomar sus propias
decisiones. Decisiones que aquí están totalmente ligadas al derecho
irrenunciable a la vida y el territorio. Y, por si fuera poco, nos hace
saber, el secretario de Medio Ambiente que lo mismo justifica las mega
granjas porcicolas, que la devastación de ecosistema en nombre del falso
progreso y la sustentabilidad (pues no hay ni lo uno ni lo otro en el
despojo y la destrucción ambiental) primero que: “el gobierno trabaja de
la mano con las comunidades mayas el Acuerdo por la Sustentabilidad
para la Península de Yucatán (ASPY)” y luego nos dice: “que sería
imposible hacer la consulta de las más de tres mil comunidades
involucradas que se verán afectadas, para bien o para mal, por los mega
proyectos de “energías renovables”. ¿Se trabaja con ellas pero no se
pueden consultar? ¿Es muy difícil para el gobierno de Yucatán hacer la
consulta libre, informada y culturalmente adecuada que marca la ley?
Pero no es imposible despojar y destruir cientos de miles de hectáreas,
es decir de naturaleza, para llenarlas de foto-celdas o aerogeneradores
con todo lo negativo que eso supone para el ecosistema peninsular? ¿O
sea la devastación es posible, pero la consulta no? ¿Ni siquiera en las
comunidades afectadas, que entendemos no son los 106 municipios de
Yucatán? ¿O si? ¿Realmente están informadas TODAS las comunidades mayas
de Yucatán que se verán afectadas de lo que significan los leoninos
contratos de arrendamiento y subarrendamiento por terceros de sus
tierras?
Decía el poeta alemán Bertolt Brecht, “Qué tiempos serán los que vivimos
que hay que defender lo obvio... Pues desconocer la verdad puede ser
ignorancia, pero conocerla y llamarla mentira u ocultarla es un acto
criminal”.
Y aquí es donde podemos ubicar uno de los principales factores para
intentar entender la violenta vociferación tecnócrata contra los pueblos
mayas organizados, pues al ganar el amparo en realidad han echado para
abajo o cuando menos detenido por un breve tiempo: los millonarios
negocios con los que empresarios, políticos corruptos y algunas
organizaciones, a modo, de la sociedad civil pretenden repartirse el
pastel de la peligrosa reforma energética impuesta por el “pacto contra
México”.
Por eso, los centros urbanos no podemos ser ajenos ni ignorantes de lo
que se pretende hacer con el territorio peninsular y de la lucha de los
pueblos mayas en defensa de ese territorio puesto que esa defensa es por
la vida y en contra de un sistema que por más verde que se disfrace,
sólo puede ofrecer destrucción, despojo y muerte.
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