Viola Carofalo es vocera de Potere al popolo (Poder
al pueblo), plataforma de movimientos sociales, organizaciones de base y
partidos de izquierda que ha surgido en el contexto de la profunda
crisis por la que transita Italia. Joven feminista, trabajadora
precaria, activista meridional e integrante del Centro Social
napolitano Je so Pazzo (“Yo estoy loco”, emplazado en un ex
manicomio recuperado en el que han creado proyectos productivos,
culturales y de salud popular), nos comparte su mirada acerca de la
coyuntura que se vive en su país y en Europa, donde existe un
gran crecimiento de las fuerzas de ultraderecha y de propuestas
populistas, pero también de una nueva izquierda con perspectiva
anti-sistémica. Las tensiones entre la construcción de poder
popular y la disputa institucional. Las experiencias de Syriza, Podemos y
Francia Insumisa y la necesidad de no copiar modelos. Los aportes de
Gramsci, Fanon y el feminismo en la elaboración hoy de una propuesta de
carácter anticapitalista, anticolonial y antipatriarcal. El desafío de
construir un internacionalismo de nuevo tipo, las resonancias de los
procesos políticos latinoamericanos, y el amor por el Che y Maradona en
Nápoles.

EL NUEVO GOBIERNO EN ITALIA Y LOS DESAFÍOS DE POTERE AL POPOLO (PAP)
En
Italia se acaba de formar un gobierno encabezado por un partido
“populista”, el Movimiento 5 Estrellas, y un partido de extrema derecha,
la Liga Norte, que hace un guiño a los nuevos fascismos y nacionalismos
europeos, con propuestas antiinmigrantes y de gran hostilidad hacia los
derechos LGBITQ. ¿Son dicotómicos populismo y fascismo, o resultan
compatibles a punto tal de poder articularse en un mismo proyecto
político reaccionario?
Una
dificultad que hemos tenido, incluso al hablar con compañeros, ha sido
tener que explicar qué entendemos por populismo, y nosotros decimos que
nos referimos al modelo sudamericano, porque en Italia y en Europa la
palabra populismo se vincula más fácilmente con la derecha que con la
izquierda, así que en realidad el populismo y el fascismo pueden ir de
la mano, y lamentablemente en la declinación italiana de la palabra esta
conciliación es posible. Al mismo tiempo, creo que debemos razonar
sobre el avance de la derecha y del populismo de derecha en Italia,
yendo más allá de la figura de Matteo Salvini, quien es un líder muy
peligroso porque a diferencia de la representación que a menudo se da de
él, ha logrado implementar una estrategia de doble nivel, que es típica
de los movimientos de extrema derecha en Italia. Por un lado, un nivel
muy violento, giras de voluntarios armados que patrullan las calles
contra vagabundos e inmigrantes, para controlar el “orden” y la
“limpieza” en las ciudades. Por el otro, un nivel institucional. Creo
que la palabra correcta para definir esta situación en Italia es el
retorno a un fuerte autoritarismo. La impresión es que hay una gran
desafección con respecto a la democracia y a la participación, y que
frente a una crisis que aún sentimos muy fuerte, simplemente se quiera a
alguien que resuelva todo. En este sentido, es una forma de fascismo y
de autoritarismo clásico. El gran riesgo es que, al igual que Salvini y
Luigio Di Maio son una respuesta clara a lo que había antes, es decir al
llamado centro-izquierda, el peligro es que permanezcan en el poder
precisamente porque se perciben como elementos de ruptura, cuando no lo
son en absoluto, o bien como formaciones que quieren proteger a las
clases populares, cuando tampoco es así en lo más mínimo. El otro riesgo
es que uno piense que la única alternativa a esta derecha populista es
un centro-izquierda, que en nuestro país ha vendido por completo los
derechos de los trabajadores, el estado de bienestar, etc.
¿No existen entonces diferencias mayores entre el gobierno anterior y el actual?
La única
diferencia que veo entre este gobierno y el anterior es quizás sobre los
derechos civiles. No tanto con respecto al racismo, pero sí a los
derechos civiles. En cuanto al racismo, Salvini es más directo, más
“vulgar”, pero de hecho hace solo dos días felicitó al ex ministro del
Interior, Marco Minniti, del Partido Democrático (PD), diciendo que hizo
un gran trabajo con respecto a la llegada de inmigrantes a Italia. Por
lo tanto, se ha puesto en continuidad con esas políticas, y eso me hace
decir que, con respecto al racismo, creo que tenemos que ver este doble
nivel. En el nivel de las declaraciones, Salvini seguramente es más
directo y grosero. En el nivel de implementación de políticas, aunque
todavía no sabemos con precisión lo que va a hacer Salvini, debemos
decir que el gobierno anterior fue muy racista y muy derechista al
manejar la cuestión de los inmigrantes. Lo que hace la diferencia un
poco, y ciertamente no es un asunto menor, es la cuestión de los
derechos civiles, porque Fontana, quien es el actual ministro de la
Familia, es una persona que tiene antecedentes terribles desde este
punto de vista, y ha sido muy claro de entrada sobre cuál es su
programa: ha dicho que para él las familias homosexuales no existen, que
las personas homosexuales son “desviadas”, que las mujeres tienen que
tener hijos para resolver el problema de la natalidad en Italia, es
realmente medieval. Pero creo que el problema es que los gobiernos
anteriores, si bien han sido mucho más correctos en la forma, en la
realidad han hecho muy poco por las mujeres. Veo la diferencia, pero es
más una diferencia de lenguaje, de propaganda, que en las medidas.
Aunque obviamente los idiomas y la propaganda también son importantes,
porque son los que crean el sentido común, la forma de pensar en una
nación, por lo que no deben subestimarse.
Habrás
visto que está circulando en internet la frase de Gramsci que dice que
el fascismo se presentó como el “anti-partido” que quería limpiar el
parlamento, y terminó por sedimentar una dictadura sangrienta…
El fascismo
histórico, quiero decir el de Mussolini, nació desde un movimiento
populista, el de los Fasci Siciliani, tomando de ahí su nombre, el cual
fue en sus orígenes un movimiento con rasgos socialistas. De modo que el
fascismo siempre ha utilizado máscaras diferentes para presentarse, no
es una cuestión relacionada solamente con Salvini o el autoritarismo
general que este gobierno expresa. Es una cuestión que concierne al
fascismo como forma histórica en Italia. El fascismo proviene de
movimientos socialistas, es la transformación de esos símbolos, así que
en cierto modo siempre ha sido camaleónico, siempre ha sido algo que se
transformaba, entonces quien dice que Salvini no es fascista porque no
tiene camisa negra, creo que no conoce bien la forma histórica del
fascismo en Italia. A la vez, quiero aclarar que Salvini o Di Maio no
dieron un golpe. Creo que el gran problema radica en los partidos que
vinieron antes y que lograron producir una gran desafección en la gente,
que terminó alejándose de la política y odiándolos, pero no solo porque
robaban o porque eran corruptos o moralmente incorrectos, sino porque
habían olvidado materialmente las condiciones concretas de la gente.
Tanto
la Liga como el Movimiento 5 Estrellas (M5E) han fundado parte de su
éxito electoral sobre una crítica despiadada al euro y las instituciones
europeas, mientras que el nombramiento de un ministro de la economía
contra el euro ha estado recientemente en el centro de una crisis
política, poniendo en riesgo la conformación del gobierno debido a la
contrariedad del presidente de la República. De alguna manera, esta
hostilidad hacia la Unión Europea de la austeridad neoliberal parece ser
un “núcleo de buen sentido” ampliamente difundido en la población.
Frente a este nuevo gobierno, ¿cuál es el camino para articular un
amplio bloque de oposición desde una formación que no cuenta con
representantes en el parlamento? ¿Es posible que esta derechizacion del
M5E deje un espacio libre para disputar desde una referencia de
izquierda?
Sería feliz
si fuera así. Hablaste de la crisis institucional con respecto al
nombramiento del Ministro Savona, que luego fue trasladado a otra
dependencia. Las encuestas que se publicaron poco después de ese hecho
mostraron que la perdida de consenso del M5E fue muy pequeña, mínima, y
hubo un crecimiento de la Liga. No sé si los 5 Estrellas con este pacto
con la Liga han perdido mucho consenso entre los votantes, porque sus
electores los habían votado más que por su programa, y por ende por su
orientación, para dar un voto de protesta y a la vez de cambio.
Entonces el estribillo que se siente continuamente por estos días es
“dejémoslos trabajar”, “veamos qué hacen”. De nada sirve decir: “sí,
pero ya han hecho un contrato, ya sabemos lo que quieren hacer, no
sabemos cuándo lo harán, cómo lo harán, pero sabemos cuál es el
horizonte”. Es inútil, porque desafortunadamente las personas responden
“No, déjenlos trabajar, porque las anteriores fueron peores”. Este es un
poco el mecanismo. El anti-europeísmo es un sentimiento que existe
realmente en la población, tal vez no en una forma consciente y
políticamente elaborada, pero sí existe. Entonces, llegando a las que
creo que deberían ser las tareas de una oposición, fuera del parlamento,
porque estamos fuera de él y dentro no hay oposición real en este
momento, ciertamente puede ser importante traducir en una clave
diferente este anti-europeísmo. Debemos comenzar a dejar en claro que
somos diferentes, que somos adversarios de los de antes, del PD,
exactamente como lo somos de Salvini y Di Maio, porque la otra cosa que
todos dicen es “entonces ustedes quieren el PD”, que en esta coyuntura
en Italia significa “quieren Europa”. El choque institucional que ha
ocurrido con el actual presidente de la República, Sergio Mattarella, ha
sido también esto; hubo un enfrentamiento entre la Europa-mercados y el
gobierno que se estaba formando. Es por eso que de hecho se ha
fortalecido la Liga, que representaba el punto más avanzado de esa
posición anti-euro en el gobierno. La gente ha visto eso como una
intromisión indebida y, sobre todo, como un retorno de aquellos que se
consideran como los “poderes fuertes” de Europa. Pero no ven que en
realidad el anti-europeísmo señalado más o menos abiertamente por
Salvini y Di Maio -tengo que decir que mucho menos por Di Maio-, en
realidad no tiene nada que ver con la redistribución de la riqueza, con
el ayudar las clases populares; es simplemente una herramienta de
propaganda. Doy un ejemplo: Salvini ha estado hablando durante días
acerca de cómo redistribuir el dinero asignado por la Unión Europea a
Italia para la recepción de migrantes, pero en realidad ese dinero está
atado a ese uso específico, por lo que no se le puede cambiar de
destino. Son mentiras continuas, pero la gente está tan cansada, tan
enojada, que ni siquiera capta estas contradicciones.
En tu opinión, el M5E no ha perdido consenso…
No,
perdieron muy pocos puntos estando al frente de un contrato de gobierno
con un partido de derecha como la Liga; un gobierno en el que, además,
existe una fuerte desproporción en favor de la Liga, a pesar de que 5
Estrellas haya recibido el doble de votos. La Liga tiene 6 ministros
contra 7 del M5E, y encima se trata de ministros “más pesados”. Pero no
creo que esto haya llevado a un gran descontento en sus electores. Hubo
concejales a nivel local que salieron del M5E después del pacto con la
Liga, pero se cuentan con los dedos de una mano. No hay gran disenso
porque prevalece el razonamiento de la expectativa, del “vemos lo que
sucede”. El M5E es el triunfo de la anti-política, por lo cual para el
votante no es importante con quién está aliado, siempre que pueda hacer
las cosas que dice que quiere hacer, pero obviamente se trata de una
contradicción porque con la Liga es difícil tomar medidas populares y
progresivas.
Recientemente afirmaste que
la “cuestión meridional” todavía existe, pero que no debe leerse como
pasividad de las masas y movimientos en el sur, ya que en tanto
laboratorio político muestra más vitalidad que el norte. En las últimas
elecciones la derecha, y en particular la Liga, se ha extendido por todo
el centro-norte, mientras que el sur ha votado compactamente por el
M5E. Gramsci lanzó poco antes de ser encarcelado un interrogante que hoy
parece actualizarse: ¿Será el sur la tumba del fascismo o la reserva de
la reacción?
Digamos que
no estoy muy contenta con el hecho de que votaron por 5 Estrellas,
hubiera preferido otra cosa. Más allá de las bromas, creo que en el sur
simplemente todas las contradicciones se sienten más fuertes. Bajan
directamente a la población, mientras que, en el norte, tal vez porque
todavía había un pequeño margen desde el punto de vista económico, en un
contexto de crisis, se sentían con menos fuerza. En un cierto sentido
el sur es el lugar más explotado y al mismo tiempo el que en los últimos
años ha tenido una redención desde un punto de vista político. Hablando
del resultado electoral de la Liga, no puedo estar muy contenta. Si
bien está claro que a la Liga en el sur no le fue como hubiesen querido,
de todos modos, le fue demasiado bien, porque estos son los que hasta
hace pocos años decían que apestábamos, que teníamos cólera, por eso el
hecho mismo que alguien haya votado por ellos, es demasiado
significativo como para decir que el sur puede ser una barrera contra el
fascismo. Creo de todas formas que seguramente en el sur hay una
cultura donde la intolerancia racial, por ejemplo, es un poco menos
fuerte. Desde ya la Liga tiene más radicación en el norte, donde ha
podido trabajar durante más años. En resumen, no sería tan feliz, porque
me parece un resultado bastante negativo.
Lo cierto es que el resultado de la votación deja la imagen de una polarización y fractura territorial muy fuerte
Tal vez la
situación de polarización nunca haya sido tan clara como hoy. Pero daría
vuelta el discurso y diría que finalmente han ganado dos fuerzas que
son muy similares, solo que una en el sur prácticamente no se podía
considerar. Son muy similares en la función que tienen, no tanto o no
solo en los programas. Una función que antes que nada era “limpiar”, es
decir, arrojar todo lo que estaba allí previamente. Este fue un voto que
quería castigar con fuerza a los partidos tradicionales, es decir, que
ha querido castigar al PD, que ha querido castigar a Fuerza Italia. De
hecho, a ambos les fue muy mal. Y que, por lo tanto, ha recompensado a
las fuerzas que se presentaron como “nuevas”. Obviamente, en el sur
votar a la Liga todavía resulta un poco desagradable, porque aún
resuenan sus canticos racistas en tus oídos, y entonces ha sido premiado
el M5E. Por supuesto estas no son las únicas razones, se trata de una
simplificación. Pero para mí este es el asunto principal, al cual hay
que agregar que la Liga en el norte trabajó durante muchos años, por lo
que tiene una radicación diferente, y creo que el tema del racismo -es
una impresión, soy del sur, no soy del norte- tenía un poco más de
influencia.
¿La
articulación de un bloque de oposición en este momento se debe dar más
en el parlamento o en la sociedad civil y en las calles?
En todas
partes, pero en este momento en el parlamento no se puede, porque el
parlamento se quedó con la boca abierta, todos están mudos. El PD,
otros… Incluso Giorgia Meloni, que es de Fratelli D’Italia, un partido
muy lejos de mí, dijo que está dispuesta a gobernar con ellos. Entonces,
¿quién sería esta oposición? ¿quién debería hacerlo, Berlusconi? La
oposición en este momento es objetivamente solo afuera, no es un
discurso de oportunidad, es solo afuera porque dentro no existe, y creo
que deberíamos hacerla retomándonos las plazas, volviendo a los lugares
de trabajo, reconstruyendo lo que en estos años se ha perdido, es decir,
ese contacto con la base que Salvini y Di Maio sí han podido
conquistar. Nosotros ya tomamos las calles contra el gobierno
recientemente en Roma, junto con el sindicato USB.

LA CRISIS EN ESPAÑA Y LAS PERSPECTIVAS DE PODEMOS
Semanas
atrás se generó un debate público, pero también al interior de Podemos,
a raíz de la compra por parte de Pablo Iglesias y de Irene Montero de
una casa valuada en 600 mil euros. Más allá de la deliberada intención
de los medios hegemónicos en utilizar esta noticia para desprestigiar a
la organización en una coyuntura crítica, lo cierto es que hubo una
discusión acalorada y cierto descontento en el activismo de izquierda y
en sectores del pueblo que han apoyado a Podemos, a tal punto que se
decidió realizar una consulta interna, para que las bases decidan si sus
dirigentes debían continuar en ese cargo o renunciar. ¿Qué opinas
acerca de este proceso y en qué medida, más allá de este caso puntual,
plantea un dilema o tensión propio de los proyectos emancipatorios y de
la coherencia en términos éticos por parte de quienes los encabezan?
Tengo dos
ideas con respecto a esta pregunta. Primero está claro que hay una
fuerte demanda -y esto me parece una señal de populismo, más allá de los
matices que podemos dar, a veces radicalmente opuestos, a este
término-, una fuerte solicitud de empatía. ¿Cuál es el problema cuando
Iglesias y Montero compran una casa cara? Evidentemente no es un
problema formal, legal, tienen derecho a comprar lo que quieran. Esto no
es lo que se critica. ¿Qué es lo que se critica? Ellos son criticados
por el hecho de que ya no existe un vínculo con su electorado, es como
si su condición, al cambiar, rompiera de alguna manera ese vínculo. Y
sus electores, la base de Podemos, pueden haberse sentido engañados por
esta interrupción del vínculo. Pero este razonamiento es un poco
peligroso, en el sentido de que si bien creo que la coherencia es
importante y que la moralidad no es ajena a la política -en la medida en
que son dos cosas que están necesariamente entrelazadas-, no obstante,
me preocupa la idea de esta identificación con la vida privada de las
personas. Ciertamente, cuando se trata de una casa cara puedo entenderlo
más, pero me parece que el exceso de liderazgos individuales, que es la
otra cara de la identificación, y la pretensión de que el líder se nos
parezca, incluso en sus elecciones personales, es algo peligroso. Así
que considero que Podemos hizo bien en someter esta elección a
referéndum, preguntar a sus miembros si los dirigentes debían o no
renunciar. Han hecho bien en sondear el sentimiento de la base, porque
esto no debe ignorarse, pero creo que no debemos exagerar esta
identificación, porque el riesgo es que en lugar de las elecciones
políticas prevalezca la corrección de un líder, que es un elemento
importante pero no lo es todo. Puedo dar un ejemplo de área de
Sudamérica, con la esperanza de no decir tonterías. El Pepe Mujica creo
que objetivamente es considerado en Uruguay un personaje difícil de
atacar desde el punto de vista de su conducta personal, sin duda no es
uno que va a cenas importantes, o que tiene autos, una casa lujosa, un
ático o una piscina. Pero lo que me interesa son las medidas que ha
tomado en estos años de gobierno, y me parece que hay una desproporción
con respecto a la atención a su vida privada, que sin duda será limpia e
intocable, y las medidas que ha tomado. Daré un ejemplo al revés.
Cuando atacan a Salvini porque habría gastado una gran cantidad de
dinero para una cena con Marine LePen, si lo atacas porque ha abusado de
dinero público es justo, pero si lo atacas porque gastó mucho, por el
lujo de esa cena, con los periódicos que informan cuántas botellas de
champán se han descorchado o cuántos platos deliciosos se han comido, me
parece una forma incorrecta de atacar a un oponente político, pero de
una manera incorrecta, que no llega al fondo del asunto, porque podemos
encontrar un santo que sin embargo sea de derecha y masacre a las clases
populares. Así que veo un elemento que puede hacer perder la
identificación de las bases en la cuestión de la compra de la casa, pero
creo que debemos tener cuidado con sopesar a los líderes políticos solo
por sus elecciones morales. La elección moral es importante, pero no es
todo, de lo contrario el problema de Salvini sería qué vino toma, y no
creo que sea eso lo principal.
Vinculado
a este tema, queríamos consultarte por la reciente moción de censura
que ha hecho caer a Mariano Rajoy en España y habilitado a ser gobierno
al PSOE, con Pedro Sánchez como flamante presidente, y con intenciones
de ciertos sectores de Podemos de colaborar brindando posibles ministros
en el nuevo gabinete. Esto nos ha hecho recordar el debate que generó a
principios del siglo XX el ingreso de Millerand (del partido
socialista) al gabinete del gobierno ejecutivo en Francia, frente al
cual Rosa Luxemburgo expresó su desacuerdo, afirmando que en una
situación así “el gobierno burgués no se transforma en un gobierno
socialista, pero en cambio un socialista se transforma en un ministro
burgués”, ya que mientras en el parlamento “podemos obtener reformas
útiles luchando contra el gobierno burgués”, en un ejecutivo de este
tipo, más que una conquista parcial del Estado por los socialistas, hay
por el contrario una conquista parcial de la dirigencia socialista por
parte del Estado burgués. ¿Cuál es tu lectura al respecto?
Primero creo
que la noticia de que Rajoy ha sido depuesto no hace sino traernos
alegría, porque se trata de un líder conservador y reaccionario, un
enemigo de las clases populares, por lo que solo puedo estar contenta.
Dicho esto, el gran problema son las perspectivas que se abren ahora. No
creo que Podemos vea al PSOE como un agente revolucionario, ni que vean
la posibilidad de acceder a algunos ministerios como una palanca para
la revolución. Me parece que no se engañan a sí mismos con esto.
Mientras hacían la pregunta, se me vino una imagen a la cabeza de
Brecht, que me gusta mucho. En Me-ti, el libro “de las
mutaciones”, aborda a través de Lenin el tema de cómo gestionar los
compromisos. Porque el problema del gobierno con el PSOE es sin duda el
problema de la relación con el compromiso, es decir, cuál es el
compromiso que te hace avanzar, lo que te hace arrebatar una victoria
que luego puedes utilizar para tu frente y cuál es el compromiso que
simplemente diluye tus reclamos, los debilita y les hace perder
credibilidad. Entonces Lenin, en esta transfiguración que hace Brecht,
tiene en frente de él dos vasos, uno de agua y otro de vino, y dice que
para hacer compromisos hay que saber que, si quieres beber el agua y el
vino, lo importante es no mezclarlos en el mismo vaso, sino dejar un
vaso con agua adentro y un vaso con vino. Si los mezclas, ya no puedes
separarlos. Entonces, lo que Brecht sugiere a través de Lenin es que el
compromiso es posible en política, pero solo es posible si uno está
dispuesto y en condiciones de escapar de este compromiso cuando se
convierta en un elemento peyorativo, que daña tu perspectiva en lugar de
fortalecerla. Obviamente, dicho de esta manera parece mucho menos
problemático de lo que realmente es. Lo que quiero decir es que si
Podemos tiene la conciencia, y creo que lo saben mucho mejor que yo, de
los límites de un gobierno con los socialistas, ciertamente pueden
usarlo. Si Podemos se mezcla con los socialistas, es decir mezcla el
agua y el vino, ya no puede separarla. Creo que si tienes una fuerte
conciencia de esto el problema no surge, no necesariamente lo veo como
un fracaso o una desnaturalizacion, lo veo como una posible oportunidad.
También porque Podemos no es un partido pequeño, que ha logrado sólo un
2% o 3 %. Podemos es una fuerza importante en España. Si PAP hubiera
ingresado al parlamento no se habría aliado con nadie, porque nuestro
peso no es tal como para garantizarnos la posibilidad de retroceder,
salir de las alianzas, simplemente hubiéramos sido absorbidos. En este
caso hubiera sido simplemente una alianza de conveniencia y oportunista,
porque con un pequeño porcentaje no se puede pensar de arrebatar
victorias importantes. Nosotros habíamos declarado desde el principio
que íbamos a ser oposición. Una fuerza que tiene un peso muy diferente,
como Podemos en España, tal vez tenga la posibilidad, y creo que en las
evaluaciones que han hecho lo habrán tenido en cuenta, para realmente
mover algo, para conquistar cosas para las clases populares, para tomar
medidas que son importantes, que mejoran las condiciones de vida, que
refuerzan su base de consenso. Pero también es porque no son un partido
del 1%, del 2%, así que no van, como se dice en Italia, con el sombrero
en la mano, no van a pedir caridad, un lugar, un nombramiento, están en
igualdad de condiciones o casi con los socialistas. Sin embargo, también
creo -sin tener los poderes mágicos- que en algunos temas los problemas
se presentaran rápidamente, las diferencias son muy fuertes y el
encuentro entre Podemos y el PSOE no será fácil, especialmente con
respecto a las cuestiones nacionales relacionadas con la Unión Europea.
Creo que chocarán en algún momento. Pero el razonamiento que estaba
haciendo era general, no si esta alianza tiene éxito o no, sobre lo cual
tengo algunas dudas.
Entonces
no haces una diferenciación táctico-estratégica entre el parlamento y
el gobierno, siempre que se pueda mantener autonomía
La táctica y
la estrategia se definen según la fuerza que tengas. No creo que la
elección de Podemos sea estratégica en relación con el PSOE. Creo que es
una elección táctica con respecto a la posibilidad de que sean aún más
hegemónicos, más fuertes, puedan obtener victorias y consenso. He
entendido así esta posible apertura, aunque puedo estar equivocada. Pero
para hacerlo debes ser creíble, debes tener fuerza. Aquellos que me
dicen que con el 3% van a hacer alianzas porque tácticamente sirve,
tengo la sensación de que lo hacen por nombramientos, porque con un 3%
me parece difícil poder orientar algo y hacer cosas importantes.
Según Rosa, es más fácil no mezclar el agua con el vino cuando estás en el parlamento y no en el gobierno…
Ciertamente.
También es cierto que en el gobierno tienes otra posibilidad de
intervención. Hay momentos para hacer oposición y creo que Podemos
sintió que este era el momento de conquistar algo más.

LO POPULAR VERSUS EL POPULISMO
Ustedes se han denominado Poder al pueblo, ¿cómo conciben y trabajan el concepto de pueblo?
Hay dos
razones por las cuales hemos elegido este nombre y usamos el término
“pueblo”. La primera es que se trata de un término inmediatamente
comprensible: si le digo a una persona que es parte del pueblo, entiende
al instante que es parte de aquellos y aquellas que normalmente sufren
las decisiones, no las toman, porque no tienen poder, no son ricos, no
tienen privilegios. Esa persona entiende inmediatamente el pueblo en
este sentido. La segunda es que para nosotros de “Je so pazzo”, que
hemos propuesto esta definición, hay algunas referencias históricas que
amamos mucho, como las Panteras Negras o Frantz Fanon, que hablan de
pueblo como algo más que el proletariado. Me refiero a un proletariado
que incluye también a los no blancos, incluye los desocupados, los
hiperprecarios, y que entonces de alguna forma ensancha más mallas.
Porque lo que pasa es que en el discurso de la izquierda en los años
setenta se ha convertido en preponderante una definición que no es la de
Marx, es decir proletariado entendido solo como un proletariado de
fábrica. No es la definición correcta, pero es la que en Italia se ha
vuelto dominante. Cuando digo proletario, siempre que alguien me
entienda, y son pocos, imagina inmediatamente al obrero. Dado que
nosotros queremos representar más matices de la explotación, pueblo nos
parecía el termino más adecuado.
¿Cuál es la diferencia entre popular y populista y cómo desarrollar una praxis popular sin diluir la lucha de clases?
Veo
principalmente dos diferencias entre popular y populista. La primera es
una de las características clásicas de los movimientos populistas, es
decir, el hiperliderazgo exasperado. Creo que a pesar de que puede haber
figuras que encarnan ciertas cuestiones sociales, y es correcto que
esto sea así, porque tenemos que encontrar una voz que cuente la
explotación, el racismo, etc., es necesaria una gran pluralidad en los
procesos políticos, una gran democracia. Entonces primero no somos
populistas en el sentido peyorativo en el cual en Italia a veces usamos
este término, es decir, alguien que busca un líder o una figura de
referencia carismática. La segunda diferencia es que los movimientos
populistas, especialmente el populismo de derecha, tiende a hablar al
vientre de la gente, a decir cosas que ya están en sus cuerdas, que ya
están en la cabeza de la gente y simplemente las repiten, e incluso a
veces las exasperan. Pienso en el tema del racismo, porque en Italia
esto ha sido muy claro: tanto en la campaña electoral como en los meses
anteriores se quería enfatizar esta cuestión, y ha funcionado. Por
supuesto que esto lo digo en negativo. Ha sido palpable e inmediato, es
increíble cómo sucedió en poco tiempo, cómo la propaganda de los últimos
seis meses, del último año, ha llevado a una transformación no solo en
el lenguaje, sino también en la relación con personas extranjeras, que
son tratadas aún peor por la gente común, hay manifestaciones más
frecuentes de racismo, etc. Nosotros no queremos favorecer estos
instintos bajos, nos fijamos una tarea diferente: la de transformar lo
que las personas piensan y sacar afuera la parte mejor, es decir, de
alguna manera recordar cuáles son los reales intereses de clase. Así que
somos populares porque hablamos a las clases populares, pero sin
estimular sus peores instintos, como sucede con el populismo de derecha,
que los instrumentaliza políticamente, usando el racismo o el odio
hacia las mujeres y los pobres para tener consenso. En nuestro programa
hemos puesto algunos puntos que quizás sean lo más anti populistas que
haya. Por ejemplo, fuimos muy criticados por pedir la abolición del “41
bis”, que es el régimen de prisión dura que en Italia se aplica, entre
otros, a los mafiosos. Según muchas organizaciones internacionales se
trata de una forma de tortura, porque viola los derechos humanos de las
personas que están encarceladas, y ponemos esto en el programa. Pueden
imaginarse que cualquiera nos ha hecho preguntas, incluso tratando de
meternos en dificultad, diciendo: “Entonces ustedes quieren que los
mafiosos estén libres, o que no sean castigados lo suficiente”.
Claramente esto es lo menos populista que puede haber, pero según
nosotros es justo, por lo cual en este sentido no nos planteamos el
problema de complacer a todos. No tenemos problemas en decir, por
ejemplo, que queremos aumentar los impuestos. No pretendemos complacer a
todos o hablar con todos, sino, precisamente, ser populares, es decir,
representar a las clases populares, que al fin y al cabo somos nosotros y
nosotras.
¿Qué relación imaginan entre el poder popular y las instituciones?
Para
explicar esto, es necesario compartirles cuál fue la relación que hemos
desarrollado con las instituciones y los dispositivos que hemos
implementado. Hablo de mi realidad, que es la de Nápoles. Hemos
imaginado y elaborado lo que llamamos “control popular”, que obviamente
no es el resultado únicamente de nuestra reflexión, sino de la de muchas
otras experiencias y movimientos. Hay algunos temas y problemas que
creemos cruciales, como el trabajo, la migración o el derecho a la salud
pública. Lo que hacemos es ir con grupos de personas que participan en
las actividades sociales que realizamos en “Je so pazzo”, que aprovechan
nuestra asesoría legal autogestionada, o la sala de salud popular, que
participan en la escuela para niños, vamos con ellos y ellas a las
oficinas estatales para asegurarnos que los servicios públicos se
ejecuten como deben, que se respeten los procedimientos. Por ejemplo,
vamos a las oficinas de la Secretaría del Trabajo con las personas que
vienen a nuestra asesoría legal para pedir ayuda para ver si, por
ejemplo, les pagaron las cargas sociales o si les deben horas extra.
Vamos a hacer presión a la Secretaría del Trabajo, a ocuparlo si hace
falta, para que vayan a hacer los controles en los lugares de trabajo
donde los contratos se realizan con fórmulas no legales o incluso no se
hacen en absoluto. Hay muchos lugares en Nápoles, pero también en muchas
otras ciudades en Italia, donde se trabaja sin contrato. Entonces
nosotros vamos a estos lugares en grupo a ver qué pasa, y presionamos
para que se hagan controles, que se cierren directamente o se obligue a
hacer contratos a los trabajadores. Hacemos lo mismo, por ejemplo, en
los centros de recepción para inmigrantes o en los consultorios
ginecológicos. Hemos logrado que cerraran muchos centros de recepción, o
al menos que mejoraran las condiciones de muchos de ellos. Este es el
primer nivel de relación con las instituciones y, por lo tanto, de
control. Después creo que, con la actividad social, esto es
interviniendo directamente en las necesidades de las personas, y
haciendo que estas personas se activen -porque no somos un servicio, les
pedimos a los que vienen que colaboren como pares- todos nosotros
aprendemos a manejar el territorio. Comenzamos a conocerlo, a aprender
cómo se hacen las cosas y llegamos a elaborar reclamaciones puntuales.
Es una forma de hacer encuesta social y entender en detalle lo que se
necesita en nuestros barrios y en nuestras ciudades. Y desde luego se va
aprendiendo de alguna manera a administrarlos, a administrar el
territorio. Es por eso que la transición a la representación, el optar
por participar de las elecciones, ha sido muy natural. Porque al
aprender a manejar el territorio de manera auto-organizada, dices “está
bien, ahora puedo probar a hacerlo también como representante, porque
esto puede ayudarme, puede darme más información, puede darme más
posibilidades”, así que este fue el pasaje que nos llevó a afirmar que
incluso las elecciones podrían ser una herramienta útil.
¿PAP se define como anticapitalista, antipatriarcal y anticolonial?
Claro que
sí. Y son también temas que hemos explicitado de manera muy clara, tanto
en nuestro programa como en las declaraciones públicas. Son tres temas
urgentes en Italia, sobre los que tratamos no sólo de hablar sino
también de hacer. El problema de la explotación, del capitalismo, de la
pobreza, del sexismo y del racismo, aunque siempre en una clave que
pueda ser comprensible, es decir, trabajando desde y sobre el lenguaje,
no creando un lexico casi tribal, un lenguaje que deviene interno a un
mundo y a un mecanismo, pero que finalmente no habla casi nadie fuera de
él. Buscamos usar un lenguaje claro y palabras que sean simples.
Hablamos muy a menudo de pobreza, pero casi nunca utilizamos el término
proletariado, excepto en los documentos de profundización. No porque lo
neguemos, sino porque no es muy comprensible y solo hablaría a aquellos
que ya están altamente politizados, ya que tratamos de hablar con otros.
De ahí que usemos términos que son inmediatamente claros para quienes
los escuchan. Por ejemplo, si digo que una persona es pobre, no es lo
mismo que si digo que es proletaria. Como marxista soy consciente de
esta diferencia, pero a la vez sé que es una palabra útil y que
funciona.

GRAMSCI, FANON, EL FEMINISMO Y LA ARTICULACIÓN DE LAS LUCHAS
¿Qué recuperan de Gramsci y cómo se posicionan con respecto a las lecturas más “institucionalistas” que se han hecho de su obra?
Como
siempre, cuando alguien se convierte en padre de la Patria se debilita
en el mensaje. Gramsci, no solo en lecturas recientes, sino también en
algunas lecturas clásicas, en mi opinión fue muy domesticado por los
marxistas, tanto que es muy poco frecuentado por los movimientos.
Tengamos en cuenta que en los años setenta no hubo prácticamente
presencia de él en los movimientos extraparlamentarios, debido a que era
considerado alguien “institucional” por excelencia. Para nosotros por
supuesto esto no es así. Por ejemplo, cómo Gramsci lee e interpreta la
cuestión meridional es algo interesante, y en un plano más general, ya
como PAP y no sólo desde mi específica realidad de pertenencia,
reivindicamos su planteo en torno a la necesidad de la transformación
del sentido común, es decir, de operar y trabajar sobre el sentido común
y encontrar el modo de construir hegemonía.
¿Te parece que el concepto de subalternidad resulta pertinente para caracterizar a los grupos y clases populares?
Sí, creo que
es la definición más correcta, aunque resulta una definición poco
generalizada por los problemas que ya mencionamos, es decir, de no ser
obviamente una palabra de uso común. Sin embargo, creo que constituye
una definición correcta porque logra mantener dentro tanto el elemento
material como el cultural de manera muy sintética y directa. Por lo
tanto, es un término que hace parte de nuestro patrimonio.
¿Consideras
que, como plantea Gramsci, es posible anticipar o prefigurar en el
presente la sociedad por la que se lucha, sin esperar para ello a la
conquista del poder?
Tiene que
ser así, porque, imaginémonos o hagamos fantasía que mañana tomamos el
poder, nosotros tenemos que saber administrar ese poder, por lo que, si
hacemos la revolución, es preciso tener una formación previa en la
gestión del territorio y de lo público. Y no necesariamente pasa por ser
diputado o senador; pasa por tener que lidiar con la transformación de
la propia realidad cotidiana. Por lo tanto, creo que la sociedad futura
hay que construirla hoy, aunque obviamente debe haber algunos cambios en
la estructura que implican momentos de ruptura, en los que se da un
salto de calidad en esta transformación. Y si bien esto hay que hacerlo
todos los días, existe una trampa de la que tenemos que poder escapar: a
veces decimos en broma que no es posible construir “la casa en el
árbol”, como cuando los niños deben hacer una casa en las ramas de los
árboles y allí imaginan una vida perfecta. Se imaginan a sí mismos como
adultos para poder manejar sus propias vidas, olvidando que luego están
los padres en la casa que realmente lo ordenan todo. Debemos transformar
nuestros territorios y nuestras ciudades, a partir de comités,
asociaciones, centros sociales, de todas las experiencias que luchan en
estos territorios, pero es importante recordar que no podemos construir
islas felices, de lo contrario el riesgo es que en tu pienses y digas
que estás bien porque, en efecto, lo estás con tus compañeros o porque
has obtenido algunas pequeñas victorias. En mi opinión la transformación
debe ser general, de ahí que en este tipo de actividades sociales
siempre tengamos que mantener la guardia en alto a nivel político, de
manera tal que lo que hagamos no se restrinja sólo a disputas
específicas, ni aquello que se obtenga se reduzca a victorias parciales,
sino que aporte en términos de organización política y, por lo tanto,
en la agregación de nuevas personas, así como en la estructuración de
organismos propios y la posibilidad de tomar posesión de todas aquellas
herramientas necesarias para cambiar la realidad. De lo contrario, el
riesgo de “la casa del árbol” es en mi opinión muy fuerte.
PAP
ha lanzado la apertura de las “Casas del Pueblo” como sedes políticas,
pero también y sobre todo “trincheras” sociales en los territorios. La
Casa del Popolo es un símbolo de la tradición socialista italiana desde
finales del siglo XIX, luego hegemonizada por el PCI. Más allá de que
este partido terminó integrándose al sistema, ¿hay algo de su capacidad
de enraizamiento y de construirse sobre una base popular, de su forma
organizativa a nivel territorial que crees que puede ser rescatado?
Ya está
sucediendo. Ayer estuve en Lamezia, Calabria, para la inauguración de
una Casa del Pueblo allí. Se ha abierto una clínica popular, dos centros
de asistencia legal laboral, es todo muy rápido. Con respecto a las
antiguas Casas del Pueblo, pienso dos cosas: las primeras Casas del
Pueblo nacen como ayuda mutua, es decir, como un lugar de encuentro,
pero también como un espacio donde la gente se ayuda mutuamente. Y dado
que creo que en Italia estamos en una situación que es casi como la que
se vivía a finales del siglo XIX, con respecto al trabajo, a los
servicios sociales, a la salud, a la escuela, pienso que sea necesario
recuperar algunos modelos, renovados sin duda, de esas organizaciones
obreras y populares, porque estamos en esa situación, sin derechos y
encima sin una gran fuerza de masas, porque no estamos organizados como
entonces. En este sentido, nos gustó el nombre Casas del Pueblo.
Hablando del legado del PCI, tengo que decir que, si hoy vas, por
ejemplo, en el centro de Italia, y entras en una Casa del Pueblo, vas a
ver que se ha convertido casi seguramente en un círculo, una especie de
bar, en un lugar que tiene poco que ver con la política, aunque en el
pasado estos eran lugares muy importantes. El PCI tuvo una historia con
la cual yo, en lo personal, no me reconozco. Sin embargo, hay que
reconocer que se ha tratado objetivamente de una gran fuerza progresiva,
que ha llevado a cabo muchas batallas importantes en este país y que,
sobre todo, ha sabido ser popular. En esa época se decía “Una sección
del PCI por cada campanario”, es decir, una capilaridad que
históricamente en Italia solo ha tenido la Iglesia, la cual representa
aun hoy la organización política más poderosa en nuestro país. En esto
el PCI ha sido sobresaliente, logró hacer hegemonía cultural, ser
hipercapilar, y yo ciertamente no tendría problemas en recuperar esta
parte de su historia política, la de la capilaridad territorial, del
trabajo en el territorio.
En
una de las últimas declaraciones públicas, como PAP han dicho que “el
mutualismo permite establecer una conexión sentimental y material con la
clase”. Parece una cita casi literal de
Gramsci…
Oh sí,
porque nos gusta Gramsci, así que sí, lo es. Creo que el camarada que ha
usado este término sentimental, obviamente no lo ha hecho por
casualidad. Porque responder a las necesidades significa, por supuesto,
hacer una contribución material, pero también significa reconstruir una
conexión, un sentido de unidad, un sentido común, y esto es importante
porque lo hemos perdido. Hablo de nosotros como personas que quieren
transformar el mundo. Los activistas en algunos casos hemos perdido esta
conexión emocional, y terminamos siendo considerados como marcianos, y
no como parte de la clase a la que pertenecemos. Cuando hablamos con
personas como nosotros, parecemos desconectadas de la realidad. Y en
cambio es esta conexión la que debe reactivarse, y en esto Gramsci es
para nosotros y nosotras una fuente de inspiración.

¿Subyace en sus planteos también una crítica de cómo se entendía el concepto de vanguardia en los años ’70?
Creo que
detrás de este concepto se esconde a menudo una gran impotencia. Me
refiero a la idea de que ser “vanguardia” es decir cosas diferentes de
los demás, mientras que para mí significa construir sobre lo que es
socialmente reconocido. Por ejemplo, hoy en día consideramos que es
importante hacer actividades de ayuda escolar para los niños, o salud
popular, mientras que si yo afirmaba esto en los años ‘70 hubiera hecho
una acción de retaguardia, porque al mismo tiempo que en las plazas se
hablaba de lucha de clases y se pedía el control obrero de la
producción, yo pedía de hacer apoyo escolar a los niños necesitados, una
cosa propia de la iglesia. Pero actualmente en un momento de
desintegración social absoluta, tienes que replantearte la vanguardia
con respecto al tiempo que te toca vivir; decir y hacer algo avanzado,
algo progresivo, algo que puede desencadenar la transformación social y
de las ideas, pero congruente con tu tiempo. Mi impresión es que a veces
se hace un mal uso de este concepto, precisamente en relación a los
años 70, pensando que ser vanguardia significa decir cosas que nadie
dice, y por ende socialmente no reconocidas, pero no creo que esto sea
ser vanguardista, porque si no tienes a nadie detrás de ti, no eres
ninguna vanguardia.
Has
descrito a la realidad de la izquierda de base en Italia como
fragmentada, en gran medida incapaz de hablar con el resto de la
sociedad, a menudo cerrada en un autismo autorreferencial. ¿La historia
de los centros sociales ha terminado?
Creo que
decir fragmentado es incluso poco, en el sentido de que no solo está
hecha pedazos, sino que muchas fuerzas se han dispersado y hasta
disuelto. Por lo que no se trata solo de volver a juntar las piezas,
unirlas y resolver el problema de esta manera. La cuestión es que muchas
personas no se consideran más de izquierda, ya no militan más, no se
reconocen en ciertos lemas ni tampoco en ciertas luchas. Por lo tanto,
el problema es más radical que la fragmentación o la división. Creo que
la historia de los partidos, como de los centros sociales o de los
movimientos, no están terminadas. Seguramente algunas formas se
acabaron, no es que quiera desechar al pasado -yo también fui parte de
ese pasado y no me arrepiento de lo que hice- pero la manera en que
hacemos política debe ser radicalmente repensada. Entonces, si por
centro social pensamos, como a veces fue en Italia, un lugar que es muy
proyectado hacia dentro del movimiento y no afuera, un lugar de
agregación casi exclusivamente juvenil, sí, creo que esa fórmula tiene
poco que decir hoy y necesita ser repensada.
Eres
mujer, precaria y del sur de Italia. En tu país existe una fuerte
tradición de lucha feminista, pero también persiste la discriminación
hacia la población meridional. En Argentina vivimos una coyuntura donde
es probable que se conquiste el derecho al aborto legal, seguro y
gratuito, en paralelo a una creciente estigmatización de las y los
migrantes y del intento por parte de un gobierno neoliberal de extremar
la precarización del trabajo y de la vida. ¿Cómo pensar las luchas
contra el patriarcado, el capitalismo y la colonialidad, sin disociarlas
entre sí?
De acuerdo a
mi lectura política, la lucha feminista no está desvinculada de la
lucha de clase. Soy consciente que la de género es una cuestión
específica, pero de todas maneras está vinculada a las condiciones
materiales de las mujeres. De hecho, me parece extraño que una mujer
pueda luchar contra el patriarcado pero no contra la explotación, porque
son dos cosas tan conectadas que constituyen dos caras de la misma
moneda. Nosotros intentamos articularlas en este sentido, en la conexión
de estas contradicciones y de estas formas de explotación. Mi elección
como vocera de PAP ha sido también una señal con respecto a esto. Porque
si bien es cierto que, en Italia, y mucho más en Sudamérica, hubo un
fuerte movimiento feminista en los últimos años, y se ha vuelto a poner
en el centro la cuestión de género, estas luchas, al menos en términos
de política, han tenido efectos relativos. Si miramos a cuantas mujeres
están en las papeletas, o terminan elegidas, hay poco, y para mí, la
lucha feminista también se hace de esta forma, la de dar voz, de
representar. Hemos intentado hacer esto en varios modos, desde las
candidaturas hasta la vocería. Creo que es una pelea importante, que
debe ser mantenida en el centro, pero junto con todos los demás asuntos
que vivimos, porque de lo contrario se convierte en algo muy abstracto.
Ese es el gran riesgo de las contradicciones vinculadas a la identidad,
es decir a la identidad de género, a la identidad étnica, a la
religiosa. Si no puedes conectarlas, corren el riesgo de quedar un poco
vacías.
Has indagado además en la obra de Frantz Fanon, ¿consideras viable un diálogo con Gramsci?
Sí, creo que
es un camino que ya se ha recorrido, aunque me parece que está
vinculado a una interpretación de Fanon que no es precisamente la mía.
Me refiero al Fanon de los estudios postcoloniales, quienes traicionan
un poco lo que es un elemento original y muy importante de Fanon, que en
los últimos años ha sido eliminado casi por completo: la violencia y la
necesidad de organizarse. Estos estudios se han centrado en otro Fanon,
más cercano al reivindicado por Homi Bhabha. Sin embargo, me parece más
simpático el Fanon “malo”, aquel de Los condenados de la tierra que el de Máscaras blancas.
Y entonces me cuesta mantenerlos juntos a Gramsci y Fanon. Porque en mi
opinión, el aspecto cultural en Fanon es importante pero no es tan
urgente como otros, es secundario con respecto a lo que significa en
Gramsci.
En
Argentina la palabra “locura” tiene una tradición histórica muy larga.
Las madres de Plaza de Mayo, por ejemplo, fueron acusadas durante la
dictadura de locas, e hicieron de esta definición una identidad política
radical. ¿Crees que es necesario hoy estar un poco locos y locas para
insistir en que es posible la revolución?
Por
supuesto, es imposible sin ella, porque me parece que la situación
actual es sumamente grave, sobre todo en Italia, ya que en los otros
países ha habido una mejor respuesta frente a la crisis y a las
derechas, y si no se es un poco loco o loca, pues no te dan ganas de
hacer política seriamente. Y a la vez, no hay posibilidad de encontrar
fórmulas nuevas sin locura; de lo contrario, continuaremos haciendo
cosas que no funcionan. Incluso nuestro nombre, “Yo estoy loco”, lo
hemos elegido también por esto. Es el título de una canción napolitana,
aunque es cierto que además nos gusta precisamente por su significado.

LAS DISYUNTIVAS DE LAS FUERZAS DE IZQUIERDA EN EUROPA
PAP nace
en un momento en que las nuevas fuerzas de la izquierda europea
atraviesan un momento delicado: Syriza ha sufrido una involución,
Podemos no ha logrado abrirse paso. ¿En qué movimiento o partido se
inspiran más?
Nos han
inspirado muchos movimientos europeos e internacionales, sabiendo que no
es posible “transferirlos” de la misma forma en nuestro país, por lo
que no se puede hacer Syriza ni Podemos en Italia, porque cada uno tiene
su propia especificidad. Hemos seguido mucho el proceso de France
Insoumise porque nos parece que como modelo de organización puede ser
interesante. Podemos también puede ser un modelo de organización
interesante, pero no se pueden repetir de la misma manera. No se puede
reproducirlos en Italia, porque las condiciones son muy diferentes. Una
entre otras es que en nuestro país está el M5E, que ha capturado y
absorbido mucho descontento social, direccionándolo hacia otros
objetivos.
¿Qué aspectos de la estructura organizativa de France Insoumise y de Podemos les resultan interesantes?
Ambos usan
herramientas telemáticas pero también estructuras territoriales.
Queremos mantener este criterio, de una organización que no sea un
partido clásico, en la que también haya diferentes organizaciones y
movimientos. Porque dentro de PAP hay subjetividades partidarias a las
que no pedimos que se disuelvan, de no tener mas su especificidad, sino
simplemente que sean parte de este mismo camino. Pero además, en mi
opinion debe existir la posibilidad de membresía individual, es decir,
de individuos que no se reconocen en ninguna estructura, en esto hay una
similitud con France Insoumise.

France Insoumise se caracteriza por un líder fuerte como Jean-Luc Mélenchon. ¿En qué medida es posible construir liderazgos colectivos?
Es
complicado, esto tiene que ser el resultado de razonamiento y discusión.
Creo que puede haber una pluralidad de figuras, o al menos que la
figura del líder, la figura del portavoz, no tiene por qué ser tan
importante como lo es para Francia Insoumise. No es una crítica, es una
observación, no necesariamente lo que funciona en Francia también puede
funcionar en Italia. Por ejemplo, en Francia usan mucho la bandera
nacional, no sé, me pregunto sobre esto, si funcionaria como símbolo en
Italia. De la misma forma no sé si esa figura de líder, ese mecanismo de
liderazgo individual, funcionaria en Italia. No está dicho que se debe
necesariamente copiar ese aspecto, pero sí puedes inspirarte en otros,
como por ejemplo el de incluir en tu proceso politico subjetividades
constituidas, partidos, así como individuos, grupos y asociaciones.
En
otra entrevista has citado como inspiración el proceso desde abajo y el
trabajo territorial de muchos colectivos que condujeron a Syriza al
gobierno y al famoso referéndum popular. Algunos críticos podrían usarlo
como precedente para no respaldar la experiencia de PAP, dado que ese
esfuerzo terminó ayudando a una experiencia política que traicionó las
expectativas iniciales.
No creo que
el problema de Syriza sea haber nacido de una red asociativa local. En
todo caso, si se puede subrayar un elemento crítico, son las elecciones
que se hicieron después del referéndum. Y no sé cuanto tiene que ver
esto con el proceso de construcción de ese sujeto, creo que tiene más
que ver con las elecciones políticas de su dirigencia, así que no veo la
conexión. Seguramente hay, en cambio, y aqui me hago un gol en contra,
otro problema fuerte, que es cómo gestionar el consenso cuando llegas al
gobierno o accedes al poder, porque obviamente es diferente construir
una red de sujetos o fuerzas de oposición, y ser una fuerza de gobierno.
Pero quizás para nosotros sea temprano para pensar en eso, vamos a
considerar este problema más adelante.
Hablando
de Syriza, en tu opinión en el momento de las decisiones posteriores al
referéndum, ¿falló el vínculo entre la dirigencia y esta red de
organizaciones de base?
Sinceramente
escuché y leí palabras muy pesadas contra Syriza y obviamente contra
Tsipras, con las que no estoy de acuerdo. No comparto la retórica de la
traición, no en esos términos. Es una palabra que, en general, en
política no me gusta mucho, aunque sí creo que hubo un desapego con
respecto a lo que quería la base, que había sido expresado claramente en
el referéndum.
AMÉRICA LATINA COMO ESPEJO
Teniendo
en cuenta el carácter global del capitalismo y los desafíos comunes de
las organizaciones de izquierda tanto en Europa como en América Latina,
¿crees que es importante apostar a la construcción de un nuevo tipo de
internacionalismo?
Sí, pero
debe ser un internacionalismo de luchas reales y concretas, entre los
movimientos que quieren transformar la sociedad. No sé en este momento
tan complejo cómo se puede articular un nuevo internacionalismo, lo que
sí sé es que nosotros existimos hace seis meses y ya tenemos asambleas
territoriales de PAP en muchos otros países, sobre todo europeos. Se
trata solamente de un nivel regional, es cierto, pero en seis meses,
mientras hacíamos campaña electoral en Italia, nos hemos planteado el
problema de construir esta conexión a nivel internacional. Son caminos
muy largos y muy complejos. No es algo que se haga de inmediato, pero
¿que otra cosa puedes hacer hoy? Nosotros tomamos contacto con todas las
realidades que podemos, de todos lados. Hace dos meses, por ejemplo,
nos encontramos con una delegación del MST de Brasil.
En
ocasiones lo que faltan son relaciones y ámbitos de articulación entre
los propios movimientos tejidos por abajo, no tanto con ciertos líderes,
que por lo general son quienes además aparecen en los medios
hegemónicos y a veces hasta pierden su vínculo orgánico con las bases…
Eso es
normal, está claro que estando muy lejos tomas lo que puedes comprender,
lo que puedes alcanzar, que es lo que más está a la vista. El problema
es que no hay conexión internacional, eso es cierto. Pero esa conexión
se debe construir, y de ambos lados. Con respecto a los movimientos
desde abajo, esto es así porque falta organización, estamos en un gran
momento de reflujo y de debilitamiento de las luchas. Si pensamos en lo
que ha sido desde un punto de vista de conexión internacional la lucha
palestina, ciertamente hoy no hay comparación. En la actualidad puedo
saber lo que está sucediendo allí solo a través de la voz de unas pocas
personas con las cuales tenemos contacto, pero no tengo una organización
de referencia fuerte. Doy este ejemplo porque creo que se trata de una
experiencia emblemática en este sentido, porque históricamente se
trabajó muchísimo la conexión internacional. Existe este problema de que
no hay relaciones continuativas, y en este contexto la única
posibilidad que tienes es hablar con las figuras que surgen. Resulta muy
difícil imaginar lo contrario en este momento.
En
América Latina hay una discusión muy fuerte sobre el neodesarrollismo y
el extractivismo, ¿se habla de esto en PAP y de si es posible construir
una sociedad a contramano de estas lógicas?
Sí, estamos
al tanto. Nosotros abordamos ese debate a partir sobre todo de los
problemas relacionados con la agricultura y, en general, con las
cuestiones ambientales. Hay mucha atención con respecto a eso.
Particularmente trabajamos la oposición a las grandes obras que devastan
el medioambiente, dentro de PAP hay muchos activistas que son parte de
los comités que llevan adelante esa batalla en todo el país. Nos
interesa sobre todo repensar la economía y la producción de forma
sostenible.
¿Hay alguna experiencia latinoamericana o argentina con la que se sienten identificados/as desde PAP?
La
experiencia cubana para nosotros sigue siendo una referencia muy
importante, también de resistencia popular, y luego la venezolana. Lo
digo sin problemas. En particular con respecto a la cuestión de la
relación con las instituciones, es decir, la relación entre
horizontalidad y verticalidad. Este es en nuestra opinión el tema
principal para el cual es importante seguir esa experiencia. Con
respecto a la cuestión argentina, he seguido el debate sobre los bienes
comunes que se ha dado allí, y más en general en América del Sur, que ha
sido fuente de inspiración para el debate relacionado que tuvo lugar en
Italia.
Por último, acaba de comenzar el mundial, ¿Qué significa Diego Maradona para ti y para ustedes en Nápoles?
A ver…en “Je
so pazzo” tenemos un mural de Maradona y el Che, eso te dice todo. Sé
que es una figura polémica, pero para nosotros, para Nápoles, ha sido
una figura de identificación absoluta, porque era un tipo pobre que
venía de un lugar que parecía ser muy similar a Nápoles, y eso dio la
idea de la posibilidad de un rescate. Es una figura controvertida, sé
que él no es un santo, pero para nosotros fue realmente así, era y es
aún hoy una figura importante, incluso desde un punto de vista político,
no solo porque tenga el tatuaje del Che, sino debido a que representaba
a los últimos, a los que no les importa nada y van en contra de las
reglas. Está claro que él representó muchas otras cosas también, que no
estamos hablando de la figura de un revolucionario. Pero ¿sabes qué
pasa?, que todavía hoy, cuando llegan a “Je so pazzo” los niños de
nuestro barrio, que son hijos de familias populares y muy poco
intelectuales, y ven el mural, primero ven a Maradona, luego ven al Che y
dicen “¡ese tipo es el del tatuaje de Maradona!”. Para ellos, el Che es
el tatuaje de Maradona. Digamos que llegan a conocerlo a través del él,
así que el Diego también trajo un poco de ese espíritu. Tal vez en
Argentina resulta menos simpático, pero nadie es profeta en su tierra.
Tendríamos que entender antropológicamente qué cosa es el fútbol para
Nápoles.

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