30 de septiembre de 2007

PÁNICO E-SCÉNICO :: Rescatar a la televisión

Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 28 de septiembre del 2007.


José Ramón Enríquez

La hemos llamado durante tanto tiempo “la caja idiota” que ya nos resulta casi imposible concebirla de otra forma. Y, sin embargo, es un medio de comunicación como tantos otros. Y otros medios, aun los más extraños, han sido usados con éxito por los artistas. ¿Por qué no usar la televisión? Si el llorado Marcel Marceau (a quien debo una próxima entrega) que nació en el cine con Marcel Carné, y del cine tomó modelos como Chaplin, Keaton o Langdon, fue un genio de la escena, ¿por qué considerar la idiotez como consustancial al medio televisivo y no a quien lo explota sin pudor alguno?

En México, sobre todo, porque en otras partes se ha hecho arte por tele y, muy especialmente, arte dramático. Cuando recordé en estas páginas que Pinter, Fo y Becket habían trabajado para televisión, Ilya Cazés me señaló en Red@ctuar que debía añadir a Bergman en la lista. Tiene razón y añadido está. Así como tiene razón Ilya al pedir que el nuevo canal de la UNAM haga teleteatros. Pero esos teleteatros deben encontrar caminos propios, no los modelos “divertidos” de lo comercial.

Porque en México la idiotez campea entre quienes hacen televisión comercial y no es idiota la caja en sí misma, pido públicamente perdón a esa caja inocente porque, en repetidas ocasiones, me he lanzado en su contra sin distingo alguno, cuando lo que espera es su rescate.

La idiotez la compartimos sociedad y gobiernos, porque hemos renunciado no sólo al arte sino también a la educación para dejar ambos al cuidado de hacedores de tele que se han vuelto millonarios a costa nuestra. En estos días, la furia de los dueños de medios comerciales, disfrazados de defensores de la libertad de expresión, demuestra que se abandonó en sus manos también el mensaje político, con todo cuanto ello significa ideológica y éticamente a la polis.

Por este abandono, los presupuestos para el arte son tan pobres. ¿Para qué gastar en teatro, si la telenovela ha cumplido 50 años de idiotizar generaciones? Cincuenta años de dar gato por liebre en un tema que parece menor: la sensibilidad de un pueblo. Sin embargo, en la educación artística, tanto para los escolares como para los nuevos intérpretes, se juega la vida espiritual de la nación.

Al respecto, en Yucatán, la gobernadora entrante ha dado señales esperanzadoras con los nombramientos de dos académicos distinguidos, en la Secretaría de Educación y en la dirección de la Escuela Superior de Artes de Yucatán. Ahora falta conocer los presupuestos efectivos para cumplir su labor prioritaria.

Del secretario de Educación, doctor Raúl Humberto Godoy, sé que viene de la Universidad Autónoma de Yucatán, de la cual acaba de ser rector durante dos periodos. Significa que, además de académico probado, es capaz de entender la importancia de la autonomía y ha sentido, además, la angustia de la educación pública en nuestro país.

A Beatriz Rodríguez Guillermo la conozco no sólo como coordinadora de la licenciatura en Letras Hispánicas de la Universidad Modelo, donde he sido docente, sino como poeta de alto vuelo, varias veces premiada. Tiene la maestría en educación y una sensibilidad como artista que la hace idónea para dirigir una escuela que cuenta con cuatro años de existencia, muchas esperanzas y mucha historia de esfuerzo.

Varias veces maestros y alumnos de Teatro de la ESAY hemos colaborado con jóvenes videoastas yucatecos. Algunos productos han merecido premios y algunos videoastas han obtenido becas y participan en el Programa de Jóvenes Creadores del FONCA. Es una alternativa a la idiotización de los medios. Si la nueva Ley Electoral evitara el regalo de millonadas a los medios comerciales, y algo de ello llegara a la formación artística, posibilidades como éstas se abrirían camino.

Las autoridades deben rescatar de las televisoras comerciales la formación de sensibilidades, sobre todo juveniles. Cincuenta años de telenovelas no pueden ser nuestro único imaginario o nuestro exclusivo referente cultural. Y al mismo tiempo que se debe apoyar escuelas superiores de arte en el país, la educación artística debe ser prioridad en todos los niveles escolares. En ello nos va el futuro.

panicoes@hotmail. com

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Amigo Sebastian,
yo estoy recuperando el gusto por la televisión gracias a un canal que emite exclusivamente documentales. Me premio casi todos los días con uno. Me enseña mucho. Me gusta aprender por medio de la imagen y el sonido. Pero sobre todo la imagen me enriquece porque me transmite emociones, sensaciones. Que difícilmente logran captar los mensajes escritos. La televisión puede ser una herramienta maravillosa y fecunda pero si algo se ofrece a granel es indudablemente porque hay una demanda. ¿Telenovelas? Debería avergonzarme reconocer que cuando era más joven y escapaba así de mi vida monótona alguna vi... No me avergüenza pero porque me he liberado. No de la televisión, a la que casi no me acerqué en más de ocho años, sino de la monotonía de aquella vida sin esperma de esperanza. Puede que no haya cambiado mucho más o más bien poco. Pero entiendo cuando mi abuela, ya muy impedida, me dice: La televisión es mi ventana. A ella le gusta ver los paisajes y todo lo que trate de la región donde vive. Yo uso internet, produzco mucha basura y poco interesante... Es difícil reconocer que uno está muy limitado. Probablemente la mayoría lo estemos y la televisión no sea otra cosa que nuestro reflejo. Como si fuera un espejo. En fin, me voy, porque parece que he cogido carrerilla y sólo por charlar un ratillo con usted. Un abrazo :)

Otra Chilanga dijo...

Querida Kasandra, creo que cuando la televisión (entendiéndola por ésta a quienes la hacen) se aleja de lo insulso puede llegar a ser maravillosa. Creo que de eso es de lo habla José Ramón y que tu misma has podido corroborar. Por otro lado, creo también que las razones de cada quien para ver televisión son legítimas; lo que no legitimo mucho son las intenciones que tienen quienes hacen la televisión: si un obrero, un ama de casa, una ejecutiva, un oficinista terminan molidos del trabajo y el televisor les devuelve un poco la sonrisa o la alegría al cuerpo no creo que tenga nada de cuestionable; pero si quien decide la programación apuesta por recibirles a éstas y éstos con estupideces en lugar de devolverles la alegría de mirar por ventanas varias, como la giganta de tu abuelita, me parece por lo menos una irresponsabilidad.
Ahora bien, estoy de acuerdo en que hay demanda; pero se vuelve también un círculo vicioso: a menos calidad de oferta cultural más demanda de programas estúpidos. Así, pues, la cosa tiene asuntos más profundos; pero coincido contigo y con José Ramón: la tele puede ser fecunda, después de todo "ella" no tiene la culpa.

Como si fuera un espejo. En fin, me voy, porque parece que he cogido carrerilla y sólo por charlar un ratillo con usted. Un abrazo :)

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