4 de mayo de 2010

LA LUCHA DE LAS MUJERES DE ATENCO :: Una visita al Taller de Noviolencia / 3.

La etapa de la defensa de la tierra.

Marta toma la palabra, todo comienza antes del decreto de expropiación:

MARTA: Así como se habla de esta tranquilidad y vida pacífica en los pueblos, de repente, empiezan a inquietarnos; desde el principio de 2001 ya había rumores de que algo iba a hacerse en nuestras tierras; yo veía a mi papá y a otros compañeros campesinos inquietos; porque mi papá va todos los días al campo y ya encontraba a topógrafos midiendo. Y se empezaron a organizar, fueron a la SERMARNAP a preguntar qué pasaba y los recibieron con granaderos; pero aunque yo veía esa inquietud, en lo personal, me sentía tranquila porque yo todavía creía lo que decían en la televisión, y en la televisión decían que se espera un proyecto pero va a haber un concurso a ver si se hace en Tizayuca o si se hace en Texcoco; nunca decían Atenco porque Atenco no era importante, era importante Texcoco, entonces decían se puede hacer en Texcoco o en Tizayuca. Yo le decía a mi papá: “Pero, para qué te preocupas si todavía no dicen en dónde”; sin embargo, ya empezaba ese rumor; algo, algo esta pasando, de repente escuchábamos helicópteros que pasaban más cerca, avionetas ¿Por qué? ¿Por qué la tranquilidad de la que gozábamos de repente se alteraba? El 8 de octubre de 2001, nuestros padres campesinos van al campo y encuentran maquinaria trabajando y se retiene esa maquinaria y empieza más movilización y más inquietud; muchos, la mayoría de nosotros jamás habíamos pertenecido a ningún movimiento social, ni de lucha, ni de nada. El 22 de octubre de 2001 aparecen unos desplegados enormes en cada delegación de los cinco pueblos del municipio que decían que por decreto presidencial las siguientes tierras de tales ejidatarios eran expropiadas y pasaban a ser del gobierno para la construcción del nuevo aeropuerto… pues eso causó indignación en todos ¿Por qué? Sentimos, primero que fue un acto de discriminación porque no nos tomaron en cuenta; nos arrebataban así lo nuestro y querían que nos quedáramos callados; por eso había gran indignación, sobre todo porque desde principios de 2001 ya se le preguntaba al gobierno: “¿Qué es lo que quieren hacer?” “¿Por qué los topógrafos?” “¿Por qué hay maquinaría si todavía no se sabe dónde va a ser el aeropuerto?” Nos dimos cuenta de que un truco, fue un juego del gobierno para mantener a la opinión pública distraída y de repente expropiar. Nunca habíamos enfrentado algo así, era algo muy fuerte, algo muy poderoso, porque los del gobierno con sus documentos, sellos oficiales, y sus firmas, quieren apantallar como se dice. Habían muchas personas cuando nos reunimos ahí en el pueblo de Acuexcomac, desconcertadas, algunas decían: “Bueno, es que ni modo, las tierras son de la nación, son del gobierno, nada más nos las prestaron”, y otros decíamos, “no es que esas tierras no son prestadas, esas tierras son nuestras, de nuestros antepasados porque somos pueblos originarios, establecidos a la orilla del lago de Texcoco, el pueblo es histórico, y estas tierras siempre nos han pertenecido, fueron arrebatadas, robadas a nuestros antepasados en la conquista, fueron recuperadas en la revolución mexicana por nuestros abuelos; estas tierras han costado la sangre de nuestros abuelos y estas tierras son nuestras y no vamos a permitir que nos pisoteen de esta manera porque no es razonable, no es lógico que suceda esto” y muchas personas decían: “es que es inútil, contra el gobierno no se puede” y otros decíamos “pues vamos a ver, algo tenemos que hacer; la razón y la conciencia nos gritan que algo se tiene que hacer por dignidad. ¿Es que cómo vamos a permitir ese arrebato así? Esta burla, esa discriminación”. Todo lo sabíamos a través de los medios, decían que estábamos de acuerdo, que estábamos felices, que nos habíamos ganado la lotería, que íbamos a ser socios del aeropuerto, que llegaba el progreso hacia nosotros. Nos iban a pagar siete pesos con 20 centavos por cada metro y por hectárea… 70 mil pesos pero en 20 años y que ya habían hablado con los verdaderos ejidatarios, y en el pueblo nos veíamos los unos a los otros y nos preguntábamos: “Pero, ¿Con quién, con quién han hablado? No, pues con nadie, están mintiendo en la televisión.” Pasaban escenas de tierras áridas y nosotros no reconocíamos las imágenes que pasaban ahí; nosotros decíamos: “Esas no son nuestras tierras, nuestras tierras son fértiles, las conocemos, nuestros padres han dado la vida en el campo para hacer productiva la tierra, es que están mintiendo” ¿Y cómo contrarrestar tanta mentira, tanto poder de la prensa, de la televisión, de la radio? Muchos compañeros decían: “No se puede hacer nada”. Pero la fuerza de la razón, la fuerza de la conciencia es más poderosa. ¿Cómo vamos a permitir que se calle a la razón y a la conciencia? Nos empezamos a organizar, a unir; igual, no sabíamos cómo, pero sabíamos que teníamos que hacer algo; empezamos a ver a Ignacio del Valle que estaba ahí, no dirigiendo, ni tampoco diciendo qué teníamos que hacer sino convocándonos; nos reuníamos, así como están ustedes, ante un problema común: ¿qué vamos a hacer? Y eran días y noches, dialogando, discutiendo qué podemos hacer: “Bueno, pues vamos a recurrir a la movilización social”, muchos de nosotros no sabíamos qué significaba eso; empezamos a difundir con carteles, con volantes, a contrarrestar a los medios de comunicación con nuestra voz. Y cuando empezamos a levantar el machete pues de inmediato a la opinión pública dijeron: “¡Son violentos!” “¡Son como delincuentes!” “¡Cuidado porque los de Atenco son eso, se oponen al progreso, están dañando al país!”. Yo veía que en el pueblo había esa inquietud porque unos tomábamos el machete y otros decían: “No, vamos a ponerle un moñito blanco, vamos a ponerle algo para que entiendan que no somos violentos”. Incluso yo en lo personal, cuando me daban el machete, no me sentía digna de portarlo, porque yo no trabajo la tierra; yo no quería llevarlo no porque pensara que era un arma violenta, no, sino por no sentirme digna de llevar algo tan grande, tan importante. Pero, en una ocasión que estábamos en una marcha, tenía que ir un representante de cada pueblo al frente y de mi pueblo me dicen: “Tú vas al frente pero toma el machete” y yo decía: “No, yo voy, pero levanto mi brazo, mi puño, pero el machete no, porque no me siento digna. No, no lo puedo llevar”, Nacho se acerca en ese momento y me dice: “Marta ¿estas convencida de la lucha?” Esa palabra, convicción, me movió mucho, dije: “Sí, claro que estoy convencida” Entonces, en ese machete vi el trabajo de mi padre: “Sí, mi padre trabaja la tierra, todos los días, desde la madrugada hasta el anochecer, en el sol intenso; hemos comido gracias a ese trabajo; hemos recibido educación y eso nos ha permitido tener una cultura de valores”; también vi en ese machete a la revolución mexicana. Todo eso transcurrió en segundos. Tomé el machete con fuerza y dije: “Ahora sí, ahora sí soy digna de llevarlo porque tengo la herencia de nuestros padres y de nuestros abuelos” Cada uno de nosotros puede contar la historia de cómo fue viviendo esa convicción por defender lo más sagrado, lo más hermoso, lo más valioso que es la tierra; porque de la tierra y del territorio se derivan muchos derechos: el derecho a la propiedad, el derecho a ser informado cuando algo se quiere hacer, el derecho a movilizarnos, el derecho a defender nuestros derechos. Así fuimos aprendiendo; cuando íbamos a foros o a la radio, Nacho nos decía: “Te toca hablar”. No sabíamos ni qué decir, porque impresiona mucho un micrófono, impresiona mucho hablar ante un público. Nacho nos decía siempre: “no tenemos que inventar nada, no vamos a hablar de lo que no conocemos, vamos a hablar de lo que estamos viviendo”; entonces como personas sencillas de pueblo decíamos cómo estábamos viviendo ese impacto; estábamos dando el mensaje ante la opinión pública, ante el mundo, de que estábamos viviendo una injusticia y que teníamos el derecho y la razón de defendernos. Fue una lucha de todos los días; de días y noches de vivir esa incertidumbre de que podíamos ser despojados en cualquier momento. En muchas ocasiones llegaban los rumores de que el Ejercito iba a entrar, por eso, todos los días había fogatas, todos los días hacíamos veladas. Recorríamos nuestras tierras día y noche; decían los compañeros, los hombres: “bueno, los rondines los vamos a hacer únicamente los hombres, las mujeres se quedan en el centro”, yo hablo de mi comunidad de Acuexcomac, pero en cuanto ellos se iban nos organizábamos y nosotras también hacíamos rondines; decíamos: “En esta lucha tenemos que participar todos”; del mismo modo que cuando íbamos a Atenco, porque esta organización se realizaba en cada pueblo y el centro era Atenco; así llegábamos a las reuniones que eran a cualquier hora los casi diez meses de lucha. En la primera represión que vivimos fuimos salvajemente golpeados, nos impresionó; yo me puse a llorar y a temblar de miedo porque escuchaba los gritos, la violencia que vivimos cuando íbamos marchando de manera pacífica hacia la ciudad; habían granaderos en gran número que prepararon una emboscada, nosotros veníamos en la marcha, mujeres de todas las edades, ancianas incluso, muchos niños, jóvenes, algunos que jamás habíamos participado en la lucha social y nos enfrenta la violencia del Estado. Empiezo a ver a mis compañeros que empiezan a pasar ensangretandos; todo se llena de gas lacrimógeno, empezamos a sentir la dificultad para respirar y nos buscábamos unos a otros. (Se dirige a Trini) Yo recuerdo en esa ocasión tú buscabas a César, (explica a los oyentes), su hijo más pequeño. Y en esa ocasión a pesar de la fuerte represión logramos pasar, se venció la valla de granaderos, esas imágenes impresionantes salen en algunos videos, de cómo nuestros compañeros y compañeras más valientes, porque yo no lo soy, están al frente levantando el machete, no para matar, sino para mostrar la fuerza de la decisión. En las imágenes se ven como nos agreden los granaderos pero a la vez retroceden, porque les impresiona ver el machete; quizás nunca se habían enfrentado a eso, pues logramos pasar. En el pueblo cuando se enteraron que estábamos siendo golpeados la reacción fue total, dijeron: “¿Por qué están golpeando a nuestro pueblo?” Todo eso se fue sumando a las acciones con las que empezamos a luchar. Y podemos decir siempre que nuestro machete es como nuestro líder, es nuestro símbolo de lucha; nuestro machete esta limpio, no hemos matado a nadie, ni deseamos hacerlo porque no somos asesinos; pero lo portamos con orgullo porque de ahí también deriva nuestra fuerza. Con todos estos elementos aprendimos a luchar sin seguir recetas, sí aprendiendo de la sabiduría de los luchadores sociales, pero sabíamos que teníamos que hacer lo propio y que teníamos que luchar con lo que somos, con lo que tenemos; muchas compañeras decían: “¿yo cómo voy a luchar si lo único que sé hacer son tortillas?” Pues con eso vamos a luchar; entonces, poníamos en la plaza el comal, la masa y nuestras compañeras a hacer la comida, la salsa, la lucha y la resistencia porque es una acción común. Esa es una característica en el Frente de Pueblos, que siempre se hace comida para todos, nunca se deja excluido a alguien, nada de que tú te vas a un restaurante, tú te vas por ahí a un jardín a sentarte con una torta o tú a lo mejor no tienes para comer y te vas solo, no, sino siempre se hace para todos y todas Aprendimos a expresar en esta lucha, con lo que somos y con lo que tenemos, nuestra convicción, nuestro amor por la tierra y logramos dar el mensaje a la opinión pública de que teníamos la razón y el derecho. Cuando llega el triunfo después de diez meses de lucha intensa nos enteramos a través de la televisión; en ese tiempo estaba Ciro Gómez Leyva y decía “Bueno, llega un comunicado aquí urgente de la presidencia de la república donde se dice que dada la negativa de las comunidades a que se instale en sus tierras el proyecto del nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, se declaran canceladas las obras y se deroga la expropiación decretada en 2001” Cuando escuchamos eso nos quedamos sorprendidos, queríamos volver a escuchar la noticia una y otra vez; era como un sueño, no lo podíamos creer, pero era verdad, “Ya ganamos”, “a ver ¿qué dijo?” “¿Tú entendiste qué dijo?” Me acuerdo que en esa ocasión salimos a gritar en las calles: “¡Sí se pudo, sí se pudo!” Después nos reunimos todos en el centro de Atenco y a una sola voz gritábamos “¡Sí se pudo!, ¡Sí se pudo!, ¡Sí se pudo!” Decíamos “¡Lo logramos, lo logramos! No usamos armas, no matamos a nadie, no agredimos, de una manera pacífica logramos derribar un decreto de expropiación” Después nos dimos cuenta que no solamente era un decreto de expropiación, sino que detrás de este proyecto no solo estaba Fox, ni los empresarios de México, sino las grandes multinacionales, el Banco Mundial, el Fondo Monetario; lo hicimos, lo logramos, pero no fuimos nada más nosotros, sino fue toda la fuerza de la opinión pública, el sacar a la luz no sólo una injusticia sino también una razón y el derecho que nos asiste, además de la solidaridad a nivel nacional logró ese triunfo. Esa es la primera parte que nosotros vivimos como lucha social; porque después viene la venganza. Fox, lo conocemos perfectamente, a parte de todas las cualidades que tiene, es vengativo también y tenía que vengarse.

Transcripción y corrección: Paloma Ayala, Pietro Ameglio y Amérika Moreschi.

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