Raúl Lugo Rodríguez
www.raulugo.indignacion.org.mx
Andrés Carrasco. In memóriam
www.raulugo.indignacion.org.mx
Andrés Carrasco. In memóriam
Hay ocasiones en que la vida se parece a
esas olas que te arrastran y parecen no querer dejarte ir. Como cuando de niño,
en Progreso vespertino, te metías al mar y, a pesar de las recomendaciones de
la tía en cuya casa pernoctabas en fin de semana, porque ni tú ni tu familia
nuclear tuvieron nunca una casa de playa donde pasar la temporada veraniega…
(que
ahora resulta, al decir de algún articulista a destajo, que “la temporada” es
un fenómeno, patrimonio de todos los yucatecos y yucatecas y, por si fuera
poco, costumbre constructora de la paz social… ¡sí! No muestra del clasismo y
la desigualdad que nos agobian, no, sino encomiable tradición a la mano de los
habitantes de, supongo, Xoy y Chacsinkín, por mencionar dos comunidades que el
articulista seguramente recuerda… ¡cosas veredes, añorado seminario
interdiocesano de Tehuacán!)
… la ola te arrastraba y tú, viendo a la
Parca a un tiro de piedra –o de alga–, jurabas que nunca más te portarías mal y
que si Dios te concedía salir con vida de ese marítimo trance ayunarías todos
los viernes y renunciarías a los pecaminosos libros que absorbían las tardes de
tu infancia: los Tres Mosqueteros, Los relatos de Sherlock Holmes, el viejo
libro de cuentos que tu abuela te regaló y hasta la Biblia Nácar – Colunga de
pasta caqui.
Hay ocasiones, como la semana pasada,
que las olas te arrastraron y no pudiste ni siquiera visitar este espacio para
dejar la acostumbrada columna semanal, porque a la carga de trabajo, producto
de tu incorregible manía de decir sí a todo lo que te pidan, sea encuentros de
diversidad sexual, charlas con desconocidos angustiados o visitas a hospitales,
se le juntó pérdidas sensibles y ataques del mal gobierno… y a los ya mencionados
agobios se añadió la perspectiva de la ausencia temporal de tus dos pilares de
confianza sólida, siempre ahí, firmes en la batalla…
(es
curioso como el desasosiego no acude de la misma manera cuando el que deja la
patria eres tú, que ves parar un avión y te subes, pero que te sabes y
reconoces siempre anclado, porque ellas están ahí… pero cuando ellas se van, no
eres sino un huérfano necesitado de amarres que, siguiendo la metáfora marina,
puedes ser zarandeado por las olas, Dios no lo permita, sin tener de donde
asirte…)
Así que no quieres que pase otra semana
más sin escribir en tu espacio y exorcizar en él tus congojas. Y escoges, entre
ellas, las que te causan más desazón.
1.
Es
noviembre de 2013 y es la preaudiencia del Tribunal Permanente de los Pueblos
en la Escuela de Agricultura Ecológica de Maní, Yucatán. Por inmerecido honor
he sido invitado a ser dictaminador. El trabajo es arduo porque, a más de
escuchar los casos presentados, habrá que redactar el dictamen y todo ello en
un tiempo muy medido. Pero el trabajo se hace menos pesado porque la compañía
es excelente: las y los demás dictaminadores nombrados tienen el oído y el
corazón abiertos. Entre ellos, hombre cargado de sabiduría, está Andrés
Carrasco. Viene con su esposa. Uno no se imaginaría, al verlo, que está frente
a unos de los científicos más comprometidos con la causa de los pueblos y la
defensa de las semillas nativas. Su muerte duele. Sus descubrimientos sobre los
daños irreversibles que causa a la salud de personas y pueblos el uso del
glifosato han sido de indudable ayuda para impulsar la conservación de las
semillas criollas y para descubrir el mundo de codicia neoliberal que se
esconde detrás de las compañías que, como Monsanto, viven de sembrar muerte.
Descanse en Paz.
2.
Lo
que pasó en La Realidad no tiene nombre. O bueno, sí lo tiene: se llama
traición y alevosía, se llama provocación y muerte. El deceso de Galeano,
maestro de la “Escuelita de la Libertad según los/as zapatistas” no es una
muerte más. Es un ominoso signo de guerra. La descripción del Sup en el
comunicado del ezetaelene es estremecedora:
Lo
que sucedió con el compañero Galeano es estremecedor: él no cayó en la
emboscada, lo rodearon 15 o 20 paramilitares (sí, lo son, sus tácticas son de
paramilitares); el compa Galeano los retó a luchar mano a mano, sin armas de
fuego; lo garrotearon y él brincaba de un lado a otro esquivando los golpes y
desarmando a sus oponentes.
Al
ver que no podían con él, le dispararon y una bala en la pierna lo derribó.
Después de eso fue la barbarie: se fueron sobre de él, lo golpearon y lo
machetearon. Otra bala en el pecho lo puso moribundo. Siguieron golpeándolo. Y
al ver que aún respiraba, un cobarde le dio un tiro en la cabeza.
Tres
tiros a mansalva recibió. Y los 3 cuando estaba rodeado, desarmado y sin
rendirse. Su cuerpo fue arrastrado por sus asesinos como unos 80 metros y lo
dejaron botado.
Quedó
solo el compañero Galeano. Su cuerpo tirado en mitad de lo que antes fue
territorio de los campamentistas, hombres y mujeres de todo el mundo que
llegaban al llamado “campamento de paz” en La Realidad. Y fueron las
compañeras, las mujeres zapatistas de La Realidad quienes desafiaron el miedo y
fueron a levantar el cuerpo.
3.
Quienes
valoramos la dignidad zapatista y nos sentimos honrados de que las y los
zapatistas nos permitan caminar a su lado, nos hemos comprometido a no dejarlos
solos. La postdata del Sup es clara: “Si me piden que resuma nuestro trabajoso
andar en pocas palabras serían: nuestros esfuerzos son por la paz, los
esfuerzos de ellos son por la guerra”. Las y los zapatistas han apostado por la
paz. Lo han demostrado a lo largo de los años y está a la vista de todos lo que
han logrado en los municipios autónomos a través de las Juntas de Buen
Gobierno, que nos enseñan que mandar obedeciendo es mucho más que una consigna.
Los que gobiernan y sus secuaces (autonombrados, estos últimos, gobernantes)
han apostado por la guerra. Que olvide quien quiera y pueda. Yo ni quiero, ni
puedo. He deseado siempre ser constructor de paz. A eso me llama el evangelio. Y
eso puede hacerse, para asombro de muchos, aún en medio de una guerra. Las
sombras de la tierna furia saben de qué lado late mi corazón en esta lucha.
Es cuanto.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario