Por: Javier García Pedraz (@JavierPedraz) / ctxt.
Hace unos días escribí un análisis sobre la violación de la intimidad
en forma de espionaje que ha sufrido la superviviente de 'la manada'
después de ser presunta y brutalmente violada. Pretendía exponer que esa
prueba era un disparate y que no podía ser considerada para elaborar un
juicio de veracidad. No quería ocupar un espacio, el del feminismo, que
no me corresponde por no ser ni experto ni activista. Por ese motivo
omití las palabras 'feminismo', 'machismo', 'patriarcado', 'violencia de
género', 'cultura de la violación' y una serie de conceptos que hoy
arrojan luz sobre quiénes somos y cómo vivimos. Recibí alguna crítica
por esta omisión o por publicar un texto bajo el antetítulo 'Feminismos'
–que son cuestiones de edición y del medio, ajenas al autor– al tiempo
que recibí algún aplauso feminista por "implicarme" como hombre en la
causa. En realidad, no escribí como hombre, sino como psicólogo. Y lo
hice porque creí que tenía algo relevante que contar. Pero este
contraste sobre lo que se espera de los hombres en este asunto invita a
exponer qué me ha llevado a tomar una posición de segundo plano que
contrasta con la respetable militancia activa de otros hombres.
(Si quieres leer al artículo completo, puedes cliquear aquí).
No hay comentarios.:
Publicar un comentario