Introducción
En Teorías de la plusvalía, Marx
caracteriza a los fisiócratas como “los verdaderos padres de la
economía política moderna” (p. 38, t. 1), y sostiene que su logro
fundamental fue determinar el valor de la fuerza de trabajo –o sea, el
salario- “como algo fijo, como una magnitud dada”. ¿Por qué Marx
consideró tan importante establecer el salario como “dado”? La respuesta
es que a partir de aquí, los fisiócratas establecieron la noción de
excedente.
El excedente es la parte de la producción
por encima de la que es necesaria para sostener a la fuerza de trabajo.
Dado que los fisiócratas no distinguieron la ganancia del capitalista
granjero o industrial, e incluyeron sus ingresos dentro de los costos de
producción, la renta de la tierra pasó a ser el único ingreso neto por
encima de los costos de producción. Incapaces de explicar ese “plus” a
partir de una teoría del valor general, pensaron que era generado por la
productividad de la tierra. En su visión, la tierra tenía la propiedad
única de generar nueva “sustancia material”, y fundamentan entonces la
renta en esta propiedad de la tierra (Rubin, 1989). Identificaron así la
renta con la plusvalía, y concibieron a esta última bajo una forma
física. Los fisiócratas tenían una concepción del valor “física” (Marx);
la naturaleza del valor consistía en cosas materiales. En su análisis,
si los trabajadores consumen 100 Tn de grano; si otras 100 Tn
constituyen semilla utilizada para la siembra, y se producen 250 Tn,
habría un excedente de 50 Tn. O sea:
Producción en trigo – (Salarios en trigo + insumos en trigo) = Producto neto
Por otra parte, definieron que es
productivo el trabajo que genera el excedente. En consecuencia, el
trabajo agrícola era el único trabajo productivo. El aplicado a la
industria no era productivo, ya que no agregaba “sustancia” nueva; solo
cambiaba la forma de la materia.
A pesar de sus limitaciones, el avance en
el análisis fue gigantesco, ya que trasladan la explicación sobre la
plusvalía (la ganancia, la renta, el interés) desde el intercambio a la
producción. A fin de valorar la trascendencia de este giro, tengamos
presente que los mercantilistas explicaban la ganancia por el
intercambio: comprar barato para vender caro. James Steuart, por
ejemplo, dividía el precio de la mercancía en dos partes diferentes, su
valor “real” –igual a sus costos de producción compuesto por los medios
de subsistencia de los trabajadores, los implementos que utiliza y la
materia prima- y el beneficio. Este último no se generaba en la
producción, sino provenía de la enajenación, de la venta. James Steuart
no podía explicar qué determinaba su magnitud, ni dar cuenta de su
origen y naturaleza (véase Rubin).
Destacamos que esta idea se mantiene
hasta el presente, no solo en los neoclásicos, sino también entre los
keynesianos y otras variantes (por ejemplo, kaleckianos). En todos ellos
la ganancia surge de un “recargo” (mark-up) sobre el costo. Desde el punto de vista teórico, y a igual que sucedía con Steuart, el mark-up se sigue presentando (véase los manuales de Macro usuales) sin explicar qué determina su magnitud, ni de dónde sale.
Sin embargo, el enfoque material del
valor de los fisiócratas implicaba una limitación muy grande. Por eso,
Adam Smith da otro paso cuando establece que el objetivo de su estudio
es el valor de cambio, y sostiene que es productivo todo trabajo que
genera plusvalor. Según Smith, el trabajo de la manufactura agrega al
valor de los materiales con los que trabaja, el valor de su propia
manutención y el beneficio del maestro. Por lo tanto, es trabajo
productivo (en oposición al trabajo de un sirviente).
Para lo que nos interesa aquí, no vamos a
analizar las contradicciones de la teoría del valor de Smith. Ahora
digamos que fue David Ricardo quien generalizó la teoría del valor
trabajo. Luego de convencerse de las dificultades encerradas en un
cálculo de la tasa de ganancia en términos físicos, en grano (en su
“Ensayo sobre las utilidades”, de 1815), Ricardo avanzó a una teoría
general del valor. En los Principios… el valor del producto es
generado por el trabajo; de la misma manera, los salarios representan
valor generado por el trabajo. La tasa de beneficio puede calcularse
entonces en términos de valor:
(Valor total del producto – Valor contenido en los salarios) / Valor contenido en los salarios = Tasa de beneficio
Aunque Ricardo no logró dilucidar cómo se
determinan los precios de las mercancías en la sociedad capitalista (no
pueden ser directamente proporcionales a los tiempos de trabajo
empleados, dada la igualación de la tasa de ganancia entre ramas, y las
diferentes composiciones y tiempos de rotación de los capitales), ni
explicó el origen de la plusvalía, su teoría del valor significó el
punto culminante de la Economía Política Clásica. Refiriéndose a la
contribución de Ricardo a la ciencia, el autor de El Capital escribió:
“La base, el punto de partida para la fisiología del sistema burgués –para la comprensión de su coherencia interna y sus procesos vitales- es la determinación del valor por el tiempo de trabajo. Ricardo parte de allí y obliga a la ciencia a salir de sus carriles, a explicar la medida en que las otras categorías… desarrolladas y descritas por ella corresponden a dicha base, a ese punto de partida o lo contradicen… Esa es, pues, la gran importancia histórica de Ricardo para la ciencia” (Marx, 1975, p. 141, t. 2).
La importancia del enfoque basado en el producto neto
En el punto anterior hemos afirmado que
la Economía Política Clásica tiene su punto de arranque cuando establece
que, dados los salarios, el excedente es un plus generado en la
producción. La teoría económica que se configura con los escritos de
Menger, Jevons, Walras y Marshall y se prolonga hasta nuestros días, en
cambio, adoptará un enfoque totalmente diferente. Basada en una teoría
del valor subjetiva –el valor de las mercancías está determinado por la
utilidad que le asignan los consumidores- su eje pasa a ser la
asignación eficiente de recursos escasos. De esta manera, el foco sale
de la producción y se traslada a la esfera del mercado. Desaparece
entonces la noción de excedente; la ganancia y la renta provienen de la
productividad del capital (concebido como medios de producción) y de la
tierra, respectivamente; el tiempo económico desaparece (en especial en
los sistemas walrasianos de equilibrio general); el nivel de producción,
los precios y los ingresos “de los factores” se determinan
simultáneamente; la Economía deja de ser “Política” (esto es, social) y
pasa a ser una ciencia “técnica”, semejante a la física; la conexión
entre la plusvalía (ganancia, renta, interés) y la producción
desaparece.
El edificio teórico generado a partir de
la noción de excedente es entonces totalmente distinto del que se basa
en la idea de la asignación óptima de recursos escasos, que domina hasta
el día de hoy en Economics. A fin de ayudar a la
clarificación, sintetizo alguna de las principales diferencias del
enfoque del excedente con el neoclásico. Me ayudo en Sraffa (1926 y
1966), Garegnani (1981 y 1984) y Pasinetti (1984), además de la crítica
de Marx a la teoría clásica. En el enfoque basado en el excedente:
- Los salarios están dados antes de la producción, y el excedente surge como un plus o resto, una vez efectuada la producción y deducidos los salarios. No sucede todo al mismo tiempo. Es lo opuesto a lo que ocurre en la economía walrasiana (salarios, nivel de producción, ingresos y demanda se deciden al mismo tiempo) y en la función de producción tradicional (producto, interés y salario se determinan simultáneamente). En el enfoque del excedente, desde el inicio entonces el tiempo económico es esencial.
- El eje está puesto en la producción y en la reproducción; el producto es a su vez insumo que sirve para generar más producto. El movimiento es circular. El intercambio, esto es, el mercado, media este movimiento. El mercado se explica en conexión con la producción y a partir de una dinámica de competencia. Por eso también en el mercado la producción no es mero “pasado”; es necesario cubrir los costos de producción más el beneficio para mantener la producción. Es un enfoque muy distinto del neoclásico, que hace eje en la asignación eficiente de recursos escasos; donde no hay interacción entre producción y mercado, la economía es axiomática y se encuentra en equilibrio teórico.
- Si bien en la Economía Clásica –en Smith en primer lugar, pero también en Ricardo- los “esfuerzos naturales” de cada individuo por mejorar sus situación, a través de la lucha mercantil competitiva, constituyen el principio del cual se deriva el bienestar público, el enfoque del excedente, de todas maneras, pone el foco en los agregados sociales (rentas, ganancias y salarios) y en los ingresos de las clases sociales principales (terratenientes, capitalistas y obreros). De esta manera abre el camino para una explicación social e histórica (véase Marx) del homo economicus. Una dirección opuesta a la que siguió el mainstream neoclásico, con su actual exacerbación del individualismo metodológico y los fundamentos “micro”.
- Los salarios promedio no están determinados por la oferta y demanda. En su determinación intervienen factores sociales y políticos, y la economía es Economía Política.
- El beneficio no tiene que ver con la escasez. Surge en la producción. Una visión muy distinta de la basada en el mark-up establecido en la venta; también de los enfoques que explican la renta o la ganancia por poder de mercado (monopolio, oligopolio). El mercado es competitivo. Más en general, en el enfoque del excedente, la ganancia, la renta y el interés, en tanto residuos, tienen la misma fuente que el salario. Marx dice al respecto que fue “el gran mérito de la economía clásica” presentar la circulación como “mera metamorfosis de las formas” (o sea, no se genera valor) y reducir en el proceso de producción “el valor y el plusvalor de las mercancías al trabajo”. Así, la ganancia del capital, el interés y la renta, tienen una misma fuente (Marx, p. 1056, t. 3). La Economía Clásica, en tanto mantenía un punto de vista burgués, no explicó cómo se generaba la plusvalía, a partir de la ley del valor; pero abrió el camino para su comprensión al establecer el origen único del valor.
- En el enfoque del excedente no hace falta hacer supuestos especiales sobre rendimientos. Los rendimientos en la producción pueden ser constantes, a escala creciente o decreciente. El salario y la ganancia no necesitan ser explicados haciendo supuestos heroicos sobre rendimientos decrecientes. Muy distinto de lo que ocurre en la economía neoclásica, donde los rendimientos no pueden no ser decrecientes. Y donde los rendimientos crecientes a escala no se admiten porque cuestionan la competencia perfecta. Es el precio que paga la economía neoclásica para resolver la cuestión de la distribución como un problema técnico: bajo condiciones de competencia perfecta, dadas las ofertas relativas de “factores”, la tecnología (función de producción) y los gustos y preferencias de los consumidores, el capital y el trabajo reciben su remuneración según sus contribuciones relativas al proceso productivo. Aquí las relaciones sociales, la lucha de clases, el conflicto social, a diferencia de lo que ocurre en el enfoque del excedente, brillan por su ausencia.
- Las curvas de oferta y demanda no explican los precios. No hay necesidad de establecer una relación funcional entre deseos, precios y cantidades demandadas; esto es, de determinar una función de demanda. La demanda está condicionada socialmente. Los precios de producción, vinculados a las condiciones de producción, determinan los “centros de gravedad” en torno a los cuales giran los precios de mercado. El precio “tentativo” (Marx) se determina con anterioridad a la llegada del producto al mercado. La oferta y la demanda juegan entonces un rol secundario con respecto a esos centros de gravedad.
- El enfoque del excedente basa sus explicaciones en los costos (laborales en el caso de Ricardo y Marx). Pero entonces puede descansar enteramente en hechos observados, tales como insumos y productos; la ley económica es objetiva. Por eso la teoría no tiene que invocar contrafácticos, esto es, no tiene que presumir qué hubiera sucedido si las cosas hubieran sido de otro modo. La teoría del valor basado en la utilidad, en cambio, al basarse en la utilidad marginal, inevitablemente implica el razonamiento contrafáctico, dado que considera cuánta utilidad extra se obtendría si alguien tuviera una unidad más del bien (el enfoque es de Sraffa, comentado por Sen, 2003; lo considero extensible a la Economía Clásica). Este razonamiento es básico para establecer la función de demanda neoclásica.
- Pone el acento en qué se hace con el excedente. Las cuestiones que se plantean son del tipo: ¿se utiliza para ampliar la producción en el siguiente período? ¿Para contratar más trabajadores productivos? Tratándose de la orientación económica de un Estado, la cuestión involucra entonces la política e incluso concepciones éticas (al plantearse preguntas del tipo, ¿a qué destina el Estado el ingreso que obtiene bajo la forma de impuestos?). La distinción trabajo productivo –genera plusvalía- y trabajo improductivo, pasa a ser central a la hora de discutir el desarrollo.
- Dado que la oferta y la demanda no explican los “centros de gravitación de los precios”, y dado que el precio “tentativo” se establece antes de la llegada al mercado de la mercancía, es necesario expresar el producto global y la suma de salarios en términos de valor. En consecuencia, el enfoque del excedente lleva a una discusión sobre la teoría del valor (sobre los requisitos para una teoría del valor, aquí).
- El foco en el excedente abre el camino para la idea, de Marx, de que la forma en que se lo extrae define el modo de producción: “Es solo la forma en que se expolia ese plustrabajo al productor directo, al trabajador, lo que distingue las formaciones económico sociales, por ejemplo, la sociedad esclavista de la que se funda en el trabajo asalariado” (1981, p. 261, t. 1).
- Al establecer la centralidad del excedente, se plantea la cuestión de la evolución a largo plazo de la tasa de ganancia, y con ella de la acumulación y el destino a largo plazo del capitalismo.
El “listado” seguramente podrá
enriquecerse y ampliarse, pero estos son, con seguridad, los rasgos
centrales de una concepción globalmente opuesta a la mayor parte de los
contenidos que hoy se enseñan en las facultades de Economics.
Por esto también el estudio de los economistas clásicos no es un mero
“adorno intelectual”, como muchas veces se lo quiere presentar. Las
tesis asociadas al enfoque del excedente tienen candente actualidad. Por
último, el conocimiento de las cuestiones fundamentales planteadas por
la economía clásica es esencial para una comprensión acabada de la
crítica de Marx y de la teoría de la plusvalía.
Bibliografía citada:
Garegnani, P. (1981): El capital en la teoría de la distribución, Barcelona, Oikos.
Garegnani, P. (1984): “Value and Distribution in the Classical Economists and Marx”, Oxford Economic Papers, vol. 36, pp. 281-325.
Marx, K. (1975): Teorías de la plusvalía, Buenos Aires, Cartago.
Marx, K. (1981): El Capital, México, Siglo XXI.
Pasinetti, L. (1984): Lecciones de teoría de la producción, México, FCE.
Rubin, I. I. (1989): A History of Economic Thought, Londres, Pluto Press.
Sen, A. (2003): “Sraffa, Wittgenstein, and Gramsci”, Journal of Economic Literature, vol. 41, pp. 1240-1255.
Sraffa, P. (1926): “The Laws of Returns under Competitive Conditions”, Economic Journal, vol. 36, pp. 535-50.
Sraffa, P. (1966): Producción de mercancías por medio de mercancías, Barcelona, Oikos.
Garegnani, P. (1981): El capital en la teoría de la distribución, Barcelona, Oikos.
Garegnani, P. (1984): “Value and Distribution in the Classical Economists and Marx”, Oxford Economic Papers, vol. 36, pp. 281-325.
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Sen, A. (2003): “Sraffa, Wittgenstein, and Gramsci”, Journal of Economic Literature, vol. 41, pp. 1240-1255.
Sraffa, P. (1926): “The Laws of Returns under Competitive Conditions”, Economic Journal, vol. 36, pp. 535-50.
Sraffa, P. (1966): Producción de mercancías por medio de mercancías, Barcelona, Oikos.
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