Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 28 de marzo del 2008.
Dolor litúrgico y linchamientos
por José Ramón Enríquez
La esencia del cristianismo se simboliza en unos días, cuando la liturgia alcanza alturas de gran belleza tanto en lo musical como en la puesta en escena de sus misterios. Son días de muerte en
Pero la esperanza parece servir de poco en la moderna vida cotidiana. Además de que la jerarquía, mucho más interesada en poderes terrenales que trascendentales, ha secuestrado el concepto mismo y lo ha convertido en un cofre del tesoro del cual sólo ella tiene llave más acá de lo esencial.
Personalmente, la tristeza me invadió al inicio de
En Bagdad la muerte se riega por las calles mientras Bush insiste en que Irak está mejor que nunca, a los cinco años de iniciar su guerra, precisamente en esta Semana Santa. Y la muerte campea por
En nuestro país, la violencia del narco mata día con día, y tanto la ineptitud como la corrupción y la hipocresía de nuestros políticos en todos los partidos atizan la violencia y crispan cada vez más a una sociedad que tiene poca memoria y que está perdiendo la paciencia. Sobre todo crispan los jóvenes.
Así, un performance mediático se ha convertido en agresiones muy concretas contra la “tribu urbana” de los emos. Bastaría con su pinta andrógina y su melancólico arrastrarse por los caminos para ganar mi simpatía (aunque sus cortes en la piel y tantos piercings me molesten), pero no es sólo eso. El volverlos chivos expiatorios tiene una carga tan clara de homofobia que no puedo dejar de defenderlos.
En un reportaje de Bruno Bartra en estas páginas, tanto José Luis Paredes, “Pacho”, como Héctor Castillo coinciden en la homofobia de los ataques. Y Castillo lanza una seria acusación: “Hay un canal de televisión que se llama Telehit, que es de Televisa, y ahí sale un tipo que se llama Christoff, que es literalmente un descerebrado, con un lenguaje neofacista, pontificando en contra de los emos”.
Se trata, pues, de un linchamiento virtual que se convierte en golpizas reales contra chivos expiatorios en un ambiente de crispación y de rabia. Por ello hablo de performance mediático. Y precisamente para circunstancias históricas así han sido montados los espectáculos en que se sacrifican chivos expiatorios. Y, por el odio incomprensible a los homosexuales (enfermedad mental bien diagnosticada que lleva el nombre de homofobia), cada que se presenta la oportunidad, un gay resulta el más espectacular de los chivos expiatorios.
Hay emos que no son gays, pero otros incluso forman parte del “Frente Juvenil Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual y Transgénero” que pidió la destitución de un policía por represivo. Aunque las cosas, al parecer, se han calmado, este tipo de linchamientos es difícil de parar y Ebrard lo sabe por experiencia propia.
Es necesaria la tolerancia y la lucha contra la homofobia. Pero también es un deber exigir a los políticos que dejen en paz a una sociedad que los alimenta y a la cual hasta hoy nada han aportado.
En cuanto a esos melancólicos linchados, los emos, valdría la pena seguirles un poco la pista por sus laberintos recorridos.
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